La lectura de la poesía. José Emilio Pacheco


Nadie, se supone, lee poesía y, con todo, no hay nadie que en algún momento de su vida no haya escrito algunos versos. En cambio, muy pocas personas han hecho novelas o sinfonías o pinturas murales.
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Si pregunto [por qué no leen poesía] a quienes me rodean la respuesta más previsible es: “No me interesa para nada. Desde que salí de la escuela jamás he vuelto a leer un poema. No tiene que ver con mi vida”. Quien lo dice, o bien se conmueve con el Himno Nacional o pasa muchas horas de su vida conectado a audífonos que trasmiten desde su iPod, si no poesía en sentido estricto, al menos versos que se ciñen a la música. Esas letras sí son memorables y memorizables y se llevan “by heart, par coeur” toda la vida.
§
Sería abominable una dictadura ilustrada que impusiera por decreto el leer poesía. Más bien, muchos piensan que habría que prohibirla y perseguirla para hacerla deseable y disfrutarla. Ezra Pound habló de “El pensamiento de lo que Norteamérica sería / si los clásicos tuvieran más circulación”. Menos ambicioso que Pound, no dejo de pensar en lo que México sería si la gente supiera de poesía el uno por ciento de lo que sabe de futbol, su historia, sus técnicas, sus grandes figuras, su pasión, su misterio.
§
Supongo que la capacidad de entender y disfrutar la poesía es como el don de hallar placer en la música clásica, algo que no todo el mundo tiene ni debe avergonzarse por no tener. Tal vez se trate de una capacidad innata en todas las personas que es sofocada muy pronto por la injusticia y por la falta de instrucción. La idea del ritmo está presente desde el primer día de la vida y el bebé se adormece a sí mismo con una canción sin palabras. Poco después descubre el idioma como materia poética y pregunta a sus padres cosas del estilo de “¿Por qué brilla la luna” o “¿Adónde van los días que pasan?”
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José Emilio Pacheco

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Cuaderno de poemas. «Llamado a los malos poetas». Rodolfo Fogwill

LLAMADO POR LOS MALOS POETAS


Se necesitan malos poetas.
Buenas personas, pero poetas
malos. Dos, cien, mil malos poetas
se necesitan más para que estallen
las diez mil flores del poema.

Que en ellos viva la poesía,
la innecesaria, la fútil, la sutil
poesía imprescindible. O la in-
versa: la poesía necesaria,
la prescindible para vivir.

Y aquí hay torres de goma, alfiles
politizados y damas policiales
vigilando la casa.

A la caza del hombre,
por hambre, corren todos, saltan
de la cuadrícula y son comidos.

Todo eso abunda: faltan los poetas,
los mil, los diez mil malos, cada uno
armado con su libro de mierda. Faltan,
sus ensayitos y sus novelas en preparación.

No es la muerte del hombre, es una gran ausencia
humana de malos poetas. Que florezcan
cien millones de tentativas abortadas,
relecturas, incordios,
folios de cartulina, ilustraciones
de gente amiga, cenas
con gente amiga, exégesis, escolios,
tiempo perdido como todo.

Se necesitan poetas gay, poetas
lesbianas, poetas
consagrados a la cuestión del género,
poetas que canten al hambre, al hombre,
al nombre de su barrio, al arte y a la industria,
a la estabilidad de las instituciones,
a la mancha de ozono, al agujero
de la revolución, al tajo agrio
de las mujeres, al latido
inaudible del pentium y a la guerra
entendida como continuidad de la política,
del comercio,
del ocio de escribir.

Una poesía aquí del cirujeo en la veredas.
Una poesía aquí de la mendicidad en las instituciones.
Una poesía de los salones de lectura de versos.

Una poesía por las calles (venid a ver
los versos por las calles…)

Una poesía cosmopolita (subid a ver
los versos por la web…).

Una poesía del amor aggiornado (bajad a ver
poesía en el pesebre del amor…)

Una poesía explosiva: etarra, ética,
poéticamente equivocada.

En los papeles, en los canales
culturales de cable, en las pantallas
y en los monitores, en las antologías y en revistas
y en libros y en emisiones clandestinas
de frecuencia modulada se buscan
poetas y más malos poetas:
grandes poetas celebrados pequeños,
poetas notorios, plumas iluminadas,
hombres nimios, miméticos,
deteriorados por el alcohol,
descerebrados por la droga,
hipnotizados por el sexo
idiotizados por el rock,
odiados, amados por la gente aquí.

En las habitaciones se buscan.
En un bar, en los flippers,
en los minutos de descanso de la oficina,
entre dos clases de gramática,
en clase media, en barrios
vigilados se buscan.

¿Habrá en la tropa?
¿En los balnearios, en los baños
públicos que han comenzado a construir?
¿En los certámenes de versos?
¿En los torneos de minifútbol?
¿Bajo el sol quieto?
¿A solas con su lengua?
¿A solas con una idea repetitiva?
¿Con gente?
¿Sin amor?

No es el fin de la historia, es
el comienzo de la histeria lingual.

Todo comienza y nace de una necesidad fraguada en la lengua.
Falsifiquemos el deseo:
Te necesito nene.
Para empezar te necesito.
Para necesitar, te pido
ese minuto de poesía que necesito, necio:
quisiera ver si me devuelves el ritmo de un mal poema,
que me acaricies con sus ripios,
que me turbes la mente con otra idea banal,
y que me bañes todo con la trivialidad del medio.

Y en medio del camino, en el comienzo
de la comedia terrenal, quiero vivir
la necedad y la necesidad
de un sentimiento falso.

Se necesitan nuevos sentimientos,
nuevos pensamientos imbéciles, nuevas
propuestas para el cambio, causas
para temer, para tener,
aquí en el sur.

¡Ay, lengua:
aparta de mí este cuerno de la prosperidad clavado en tu ingle,
suturada de chips, y cubre
nuestras heridas con el bálsamo de los malos poemas..!


(fragmento)

Rodolfo Fogwill
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Video: Querida amiga. La semana en diez novedades. Letras Corsarias Librería

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La semana con faldas y a lo loco en diez novedades. Librería Letras Corsarias

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCII

Biblioteca de la abadía de Schussenried. Alemania
Biblioteca al aire libre
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Entrevista con Antonio Muñoz Molina. Manuel Jabois

Antonio Muñoz Molina, retratado en Madrid este miércoles.SANTI BURGOS

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Se publica ‘Volver a dónde’, libro con el que el escritor desmenuza la realidad pandémica de nuestro tiempo y la suya propia, hecha de recuerdos de un niño de familia campesina

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Recopilación de textos fotografiados. Carmen Jodra Davó

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Poesía latinoamericana: Tres poemas de Violeta Parra

Tres poemas para disfrutar a Violeta Parra.

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El Vieco cortaziano LXXXV

No me parece que la luciérnaga extraiga mayor suficiencia del hecho incontrovertible de que es una de las maravillas más fenomenales de este circo, y sin embargo basta suponerle una conciencia para comprender que cada vez que se le encandila la barriguita el bicho de luz debe sentir como una cosquilla de privilegio.

Julio Cortázar

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Jorge Herralde, fundador de Anagrama: “La lectura de Sartre aclaró mi malestar con la clase burguesa”

Para el editor de los libros de portadas amarillas, su catálogo puede leerse como una novela: un gran relato de espíritu inconformista, donde conviven Nabokov y Bukowski, Martin Amis, Truman Capote y Roberto Bolaño. Alejado de la primera línea, habla del libro que recrea la vida del sello a través de su correspondencia (Los Papeles de Herralde), y de la conferencia remota que ofrecerá el jueves en la UC.

Origen: Jorge Herralde, fundador de Anagrama: “La lectura de Sartre aclaró mi malestar con la clase burguesa” – La Tercera

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