Rachel Cusk, autora de ‘Segunda casa’ (Libros del Asteroide). Foto: Libros del Asteroide
Rachel Cusk: una perturbadora historia de supervivencia femenina
La escritora canadiense utiliza el personaje de una mujer que se enfrenta a sus demonios en ‘Segunda casa’ (Libros del Asteroide), una reflexión sobre el amor y el matrimonio, la maternidad y la familia
Estamos atravesando por lo que yo llamaría una crisis universal del sentido. La religión, la ciencia, el arte, ya no dan respuestas a nadie. El fin de la historia, el fin de las ideologías, la muerte de las utopías, quieren decir sencillamente que no le vemos un sentido al mundo. La pregunta, entonces, sería: ¿Qué sentido tiene la literatura en un mundo sin sentido? No hay más que dos respuestas. La primera: ningún sentido. La segunda es precisamente la que hoy no parece estar de moda: el sentido de la literatura es imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor que la escribe.
Sométete por entero a tu mejor momento, a tu más grande recuerdo. Es él a quien hay que reconocer como rey del tiempo. El más grande recuerdo. El estado al que debe reconducirte toda disciplina. El…
No me indigno, porque la indignación es cosa de los fuertes; no me resigno, porque la resignación es cosa de los nobles; no me callo, porque el silencio es cosa de los grandes. Y yo no soy ni fuerte, jai noble, ni grande. Sufro y sueño. Me quejo por ser débil y, porque soy artista, me entretengo en tejer mis quejas de modo musical y a organizar mis sueños como mejor me parece mi idea de encontrarlos hermosos. Sólo lamento no ser niño, para poder creer en mis sueños, no estar loco para poder apartar del alma de todos los que me rodean, Tomar el sueño por real, vivir demasiado los sueños le dio esta espina a la rosa falsa de mi soñada vida: que ni los sueños llegan a agradarme, porque les descubro defectos. Ni pintando ese cristal de sombras de colores puedo ocultar el rumor de la vida ajena a mi mirarla desde el otro lado. ¡Dichosos los creadores de sistemas pesimistas! No sólo se defienden por haber hecho cualquier cosa, sino que también se alegran con la explicación y se incluyen en el dolor universal. Yo no me quejo por el mundo. No protesto en nombre del universo. No soy pesimista. Sufro y me quejo, pero no sé si lo que hay de general es el sufrimiento ni sé si es humano sufrir. ¿Qué me importa a mí saber si eso es cierto o no? Yo sufro, no sé si merecidamente. (Corza perseguida). Yo no soy pesimista, soy triste.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)