Una de las funciones de la pausa o sangría versal es, precisamente, permitirle al lector compartir de una forma más íntima la experiencia que está siendo articulada, facilitando además una relación estrecha entre un verso y otro, añadiendo velocidad rítmica: “la experiencia emocional sumada a la complejidad sónica de la estructura del lenguaje se sintetizan en un intenso orden estético que es diferente del que se recibe de una poesía en la cual las formas métricas se combinan sólo con la sintaxis lógica”.
“Cuando aprendí a leer, devoraba los libros, y pensaba que eran como un árbol, como un bicho, algo que nace. No sabía que había un autor detrás de todo. Luego descubrí que era así y dije: “Yo también quiero”. En el “Diario de Pernambuco”, los jueves publicaban cuentos infantiles. Yo no me cansaba de mandar mis cuentos, pero nunca los publicaban, y yo sabía por qué. Porque los otros decían: “Érase una vez y esto y lo otro…” Y los míos eran sensaciones”.
Hay que aceptar también una última libertad: la de leer el texto como si ya hubiese sido leído. Aquellos que gustan de las bellas historias podrán ciertamente comenzar por el final y leer primero e…
R.: Me lleva seis meses escribir un relato. Primero pienso la trama y luego voy escribiendo frase a frase, sin hacer un borrador previo. Por cada cinco palabras que escribo, cambio siete.
P.: ¿De dónde saca los nombres de sus personajes?
R.: De la guía telefónica y de la sección de obituarios del periódico.
P.: ¿Utiliza una libreta para tomar notas?
R.: Lo intenté una vez, pero me pasaba la vida buscándola. Nunca me acordaba de dónde demonios la había dejado. Siempre digo que mañana me hago con una libreta y empiezo a tomar notas.
P.: ¿Cómo escribe?
R.: Al principio escribía a mano, pero he perdido el hábito. Ahora escribo a máquina con dos dedos. Es una pregunta cruel por su parte. Soy tan torpe con la máquina de escribir que una vez compré una nueva porque no sabía cómo cambiar la cinta de la que tenía.
Sin embargo tus ojos ardían recientes bajo las drogas fugaces y livianos como dos cirios en las sombras. Acunabas un lobo por corazón, oh queridísima Clodia, oh Lesbia. Abandonado elijo tu lado bueno: entre las luces mínimas, las atroces, parecida a un meteoro, tu cabeza bailaba y expandía como con aspas verdes la claridad. Abandonado elijo tu lado triste: a veces, como Dios, no estás en ningún lado; entonces cierras los ojos, oh Lesbia, y tiemblas como esas grandes hojas tropicales mojadas. Abandonado elijo tu lado esencial: nunca vuelves, eres como una muerta obstinada, tú, la oscura patrona del haber sido. Abandonado elijo tu lado vuelto hacia mí: algo de cuya cara tu corazón es el reverso.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)