Desde niño, la literatura es mi entrada al mundo de la experiencia. Yo siempre he sentido que lo que ocurre en el mundo, lo que me ocurre y lo que me va a ocurrir tiene su expresión en algo que ha sido escrito. Lo he sentido así siempre. Cuando escribo lo hago más como lector que como escritor. Escribo a partir de mi biblioteca.
El mundo de las novelas es un mundo divertido y atractivo porque es humano. Las novelas no son sobre periodos de la historia, sobre espacios geográficos, sobre teorías filosóficas ni sobre asuntos …
R.: Demasiado, y de todo, etiquetas, recetas y anuncios incluidos. Me apasionan los periódicos; leo todos los diarios de Nueva York cada día, y las ediciones de los domingos, y varias revistas extranjeras. Los que no compro los leo de pie en los quioscos. Leo como media cinco libros a la semana; tardo unas dos horas en leer una novela de una extensión normal. Me encanta la novela negra y me gustaría escribir una algún día. Aunque prefiero la ficción de primera categoría, en los últimos años he leído muchas cartas, diarios y biografías. No me molesta leer mientras estoy escribiendo; quiero decir que no temo que el estilo de otro escritor interfiera en el mío. Aunque una vez, durante una larga temporada en que leía a James, mis propias frases se volvieron terriblemente largas.
Truman Capote
Entrevista con Truman Capote (“The Paris Review”. 1953-1983)
Nosotros tenemos la alegría de nuestros errores, tropezones que muestran la pasión de andar y el amor al camino, tenemos la alegría de nuestras derrotas porque la lucha por la justicia y la belleza vale la pena también cuando se pierde. Y sobre todo tenemos la alegría de nuestras esperanzas en plena moda del desencanto, cuando el desencanto se ha convertido en artículo de consumo masivo y universal. Nosotros seguimos creyendo en los asombrosos poderes del abrazo humano.
Escribir a máquina supone introducir la lectura fija en el momento de escribir, ya que se separa el acto de teclear palabras con la forma de leer lo que se está escribiendo simultáneamente pero en otro registro y en otra posición del cuerpo, sin necesidad de retirarse del papel o de dejar de escribir (como sucede cuando se escribe a mano). Por otro lado el sonido de las teclas crea un ritmo que uno mismo sostiene o modifica, y se dirige al oído al mismo tiempo que al ojo. Las teclas con las letras dibujadas hacen del lenguaje una partitura, una clave que hay que saber interpretar para que la música del lenguaje se deje oír (pero por supuesto yo escribo a mano en un cuaderno con una lapicera de tinta negra)
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)