Al extremo, al último extremo de la fila de barracas, como si, vergonzoso, se hubiera él mismo desterrado de todos aquellos esplendores, vi a un pobre saltimbanqui, encorvado, caduco, decrépito, a …
Todos los años, el mundo cambia radicalmente. Se transforma a un ritmo para el que no tenemos instrumento de medida adecuado. Es pavoroso. Y cada uno de nosotros tiene que enfrentarse – solo – a esa enorme complejidad… Hemos de pensar, pues, para vivir. Es un problema de urgencia inaplazable. Las soluciones no dependen sólo del exterior. Muchas dependen de nosotros mismos. Se les ha aplicado un nombre: necesidades neuróticas, exigencias del alma y también necesidades realmente humanas, tales como la de ser libre, de amar, de trabajar, de buscar la verdad, de dar un sentido al mundo. Luchamos por encontrar un orden y un equilibrio.
¿Por qué soñé contigo anoche? La mañana ahora despeina su cabello con luz gris. Los recuerdos golpean el alma, como bofetadas en el rostro: Apoyado en el codo, contemplo la bruma pálida Más allá de la ventana.
Tantas cosas que creí olvidadas Regresan a mi mente con un dolor desconocido: -Como cartas que llegan dirigidas a alguien Que abandonó la casa hace ya tantos años.
La escritora Rachel Cusk, retratada en Barcelona. / Jordi Otix / EPC
Rachel Cusk explora la identidad del creador y el machismo del mundo del arte en su nueva y vanguardista novela, ‘Desfile’ (Libros del Asteroide/Les Hores)
Diré ante todo que la traducción es un vicio, una dependencia, una adicción. Quien admira una obra literaria extranjera o, peor aún, a su autor, se siente obligado a compartirlos, reescribiéndolos desaforadamente. Finge hacerlo para difundir la cultura y posa como benefactor de la humanidad, pero sabe que eso no es cierto. Si lo hace es porque no tiene más remedio que hacerlo
(…)
Los editores conocen hace tiempo esa debilidad, congénita o adquirida, y la aprovechan a fondo. Saben muy bien que cualquier traductor traduciría gratis a los autores que ama, y procuran que la remuneración de su trabajo se aproxime lo más posible al cero absoluto, a fin de que el traductor no se sienta prostituido por el dinero que recibe.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)