A veces reflexiono un cuarto de hora para poner un adjetivo antes o después de un sustantivo. Procuro contar: primero con verdad, segundo con claridad lo que pasa en un corazón. No veo más que una regla: ser claro.
Después de hablar, durante tantos años, de lo que es y no es una novela, se ha llegado a tener una idea tan vaga sobre este género literario, que temo que La calle estrecha deba ser considerada com…
R.: No, porque me quedo bloqueado. Naturalmente, no es un comportamiento muy razonable: he descubierto hace poco que las características resistencias freudianas a las confesiones de cualquier tipo, que ponen de manifiesto todos los bloqueos que uno padece los mareos, las náuseas, etcétera, que casi todo escritor ha vivido-, constituyen un patrón para toda clase de actividades creativas. Son simplemente formas de egocentrismo. Y el egocentrismo puede inflamarse muy fácilmente con una buena crítica, y hasta con una mala, para el caso, y entonces sufres un fabuloso bloqueo que te cuesta dos días de trabajo. Pero como cuando necesitas el dinero que cobrarás por ese trabajo no puedes permitirte un solo bloqueo, no leo reseñas a menos que me las envíen. Por lo general le llegan a mi agente, porque le ayudan a vender los derechos en el extranjero. Y quizá les parezca muy solemne que lo diga así, pero creo de veras que tienen una mala influencia sobre uno, y hasta las buenas críticas te hacen sentir un poco avergonzado. De hecho, para mí el mejor régimen es levantarme temprano, insultarme a mí mismo en el espejo mientras me afeito y luego pensar que estoy cortando leña, que en realidad es lo que hago. No sé sI me explico, pero lo que quiero decir es que todo ese rollo junguiano sobre la importancia del propio mensaje y ese tipo de cosas sólo sirven para engordar el ego y que termine interponiéndose en tu camino, convenciéndote de que eres tan condenadamente bueno que casi te da miedo ponerte a escribir de lo buena que es la idea. En cuanto bajas la guardia estás perdido ¿de dónde van a salir los cheques para pagar el gas, la luz y la calefacción del próximo mes?. No puedes permitírtelo.
Lawrence Durrell
Entrevista con Lawrence Durrell (“The Paris Review”. 1953-1983)
El hombre imaginario vive en una mansión imaginaria rodeada de árboles imaginarios a la orilla de un río imaginario
De los muros que son imaginarios penden antiguos cuadros imaginarios irreparables grietas imaginarias que representan hechos imaginarios ocurridos en mundos imaginarios en lugares y tiempos imaginarios
Todas las tardes tardes imaginarias sube las escaleras imaginarias y se asoma al balcón imaginario a mirar el paisaje imaginario que consiste en un valle imaginario circundado de cerros imaginarios
Sombras imaginarias vienen por el camino imaginario entonando canciones imaginarias a la muerte del sol imaginario
Y en las noches de luna imaginaria sueña con la mujer imaginaria que le brindó su amor imaginario vuelve a sentir ese mismo dolor ese mismo placer imaginario y vuelve a palpitar el corazón del hombre imaginario
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)