Por qué escribo, Julio Ramón Ribeyro

No se escribe por una razón, sino por varias, cuya importancia varía según las épocas y el estado espiritual del escritor. Personalmente, y sin que el orden implique prioridad, escribo porque es lo…

Origen: Por qué escribo, Julio Ramón Ribeyro – Calle del Orco

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Escribir poesía. Robert Lowell

Cuando me ciño a un metro, descubro que los versos más simples nunca me vienen de inmediato: Ni tampoco el resto. No creo haber escrito nunca un poema con métrica en el que haya conservado uno solo de los versos originales. Antes, por lo general, escribía primero en verso libre y luego añadía las rimas, que, claro está, cambiaba mucho. Al principio lo máximo que podía esperar era que la versión rimada no fuera muy inferior a los versos libres. Luego empezaba el trabajo de verdad, que era convertirlo en algo mucho mejor que el original gracias al esforzado trabajo de la métrica.

Robert Lowell

Entrevista con Robert Lowell (“The Paris Review”. 1953-1983)

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Cuaderno de poemas. «Por qué escribo». Eduardo Galeano

porque mi tendencia al pecado me impidió ser santo,
porque en el fútbol siempre fui un patadura,
porque necesito creer que no es tanta la distancia entre el deseo y el mundo,
porque necesito creer que a veces puedo decir lo que quiero decir,
porque necesito creer que hay historias que merecen ser contagiadas,
porque escribiendo devuelvo a los demás lo que de ellos viene,
porque me duele el dolor ajeno,
porque me goza el ajeno placer,
porque me da alegría desenterrar tesoros escondidos,
porque necesito compartir broncas y melancolías, deslumbramientos, descubrimientos,
porque de Sherezade aprendí que un cuento vale un día más de vida,
porque de Onetti aprendí que hay palabras mejores que el silencio,
porque soy caminante, y cada página es un nuevo viaje que empieza,
porque escribiendo no estoy solo,
porque escribiendo hablo al oído de amigos que no conozco
y en ellos me reconozco.
Y porque siendo, como soy, un inútil total, no tengo otra.

Eduardo Galeano
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Ventana a YouTube. Pink – Nothing Compares 2 U – Live 2023

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Elizabeth Strout: ‘Lucy y el mar’, crítica de su última novela.

La escritora estadounidense Elizabeth Strout /RICARD CUGAT

Este libro, centrado en los efectos de la pandemia, debe leerse como un capítulo más de la gran novela que la autora estadounidense ha dedicado a su personaje Lucy Barton

Origen: Elizabeth Strout: ‘Lucy y el mar’, crítica de su última novela | El Periódico de España

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCXLXXIII

Biblioteca del Sol. Albacete. España

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A favor y en contra del Gran Estilo. Gonzalo Torné

Javier Marías posando junto a una estatua de Valle-Inclán. Fotografía cedida por la familia.

Este texto tiene un aire tentativo y una inevitable atmósfera de precipitación. Tentativo porque es apenas un temprano abordaje a un autor recién muerto demasiado importante para mí para tratar de encapsularlo en un único texto, y al que debo volver, y volveré, vamos si volveré….

Origen: A favor y en contra del Gran Estilo – Cuadernos Hispanoamericanos

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El oficio de escritor. José María Árguedas

¡Ah! La última vez que vi a Carlos Fuentes lo encontré escribiendo como a un albañil que trabajaba a destajo. Tenía que entregar la novela a plazo fijo. Almorzamos, rápido, en su casa. Él tenía que volver a la máquina. Dicen que eso mismo le sucedía a Balzac y a Dostoievski. Sí, pero como una desgracia, no como una condición de la que se enorgullecieran. […] Perdonen, amigos Cortázar, Fuentes, tú mismo, Mario que estás en Londres. Creo que estoy desvariando, pretendiendo lo mismo que ustedes, eso mismo contra lo que me siento como irritado. Puede que ustedes no tengan mejor ni más ni menos razón que yo. Hay escritores que empiezan a trabajar cuando la vida los apera, con apero no tan libremente elegido sino condicionado, y están ustedes, que son, podría decirse, más de oficio. Quizás mayor mérito tengan ustedes, pero ¿no es natural que nos irritemos cuando alguien proclama que la profesionalización del novelista es un signo de progreso, de mayor perfección?».

José María Árguedas

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Crítica: «No puedes volver a casa». Thomas Wolfe

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Lectura: «El hombre joven». Annie Ernaux

Annie Ernaux cuenta en estas páginas la relación que mantuvo con un hombre más joven que ella. Una experiencia que la hizo volver a ser, durante varios meses, la «chica escandalosa» de su juventud. Un viaje en el tiempo que le permitió atravesar una etapa decisiva en su escritura.

«El hombre joven es una miniatura perfecta que concentra todos sus libros en un gesto proustiano de una belleza sobrecogedora.» Les Inrockuptibles

«Annie Ernaux regresa con esta intensa historia sobre una aventura que mantuvo con un hombre mucho más joven que ella. Espléndido.» Elle Francia

«Nunca te dejes engañar por nada, ni por los demás ni por ti mismo: esta es una de las grandes fortalezas de Annie Ernaux, cuya escritura logra el prodigio de resaltar los aspectos esenciales de una experiencia.» L’Obs

«Esta historia nos asombra por su audacia y por la inteligencia que en ella se manifiesta al contar el ordinario abismo de una historia de amor.» Le Monde des Livres

Contraportada de la edición de Cabaret Voltaire


Textos

A menudo he hecho el amor para obligarme a escribir. Quería encontrar en el cansancio, en el desamparo que le siguen, razones para no aguardar ya nada de la vida. Tenía la esperanza de que el final de la expectativa más imperiosa, la del orgasmo, me hiciera sentir la certeza de que no había goce superior al de la escritura de un libro. Quizá ese deseo de desencadenar la escritura del libro fue el que me condujo a llevar a A. a mi casa a tomar una copa después de cenar en un restaurante donde, por timidez, había permanecido prácticamente mudo. Era casi treinta años más joven que yo.


Me parecía que no me había levantado nunca de la cama, la misma desde mis dieciocho años, pero en lugares distintos, con hombres diferentes e indiscernibles los unos de los otros.


Era el pasado incorporado. Estafa


Con él recordaría todas las edades de la vida, de mi vida.


Mi cuerpo ya no tenía edad. Hacía falta la mirada abiertamente reprobadora de unos clientes a nuestro lado en un restaurante para demostrarlo. Mirada que, lejos de avergonzarme, reforzaba mi determinación a no ocultar mi relación con un hombre «que podría ser mi hijo», cuando cualquier tipo de cincuenta años podía aparecer con la que visiblemente no era su hija sin suscitar ninguna reprobación. Pero yo sabía, mirando a esa pareja madura, que si estaba con un joven de veinticinco años, era para no tener ante mí, continuamente, la cara marcada de un hombre de mi edad, la de mi propio envejecimiento.

Annie Ernaux

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