Comparto aquí algunos brillantes y hermosos fragmentos sacados de sus libros “El arte de la novela”, “Los testamentos traicionados”, “El telón” y “Un encuentro”. Personalmente adoro su obra ensayística.
Si te estás preguntando cómo vas a encontrar tiempo para leer, significa que realmente no quieres leer. Porque nadie tiene tiempo. La vida siempre se interpone en el camino. El tiempo para leer siempre es tiempo robado de la tiranía de vivir.
Autora fundamental, tan genial como personalísima, y con una escritura obsesionada por dar cuenta tanto de las sensaciones corporales como de las penas, los anhelos, … Read more
Por la mañana, cuando Patty volvía de trabajar, Stuart se quedaba despierto el tiempo suficiente como para leerle algo hasta que ella se dormía. Si había sido una noche normal en el restaurante, le leía lo que fuera que él estuviera leyendo en ese momento, y Patty pronto se aburría tanto que se le cerraban los ojos. Pero si había sido una noche complicada y ella estaba muy despierta, Stuart le leía historias antiguas y extrañas de príncipes que se convertían en cisnes, de cisnes que se creían patitos de baja categoría, de enamorados que mágicamente sabían qué camino, qué puerta, qué dirección o qué respuesta elegir, de chicas casi inocentes que caían en trances maléficos, y de soldados o chicos pobres cuyo ingenio les aseguraba un futuro brillante. Y mientras Stuart le leía, Patty se deslizaba por bosques oníricos, bañados en la luz dorada del sol, donde se encontraba con aquellas criaturas que ella conocía tan bien, por más que las criaturas mismas, engañadas momentáneamente, no estuvieran al tanto de su verdadera naturaleza. “Peligros como estos”
De niña, me preguntaba (como todos, supongo) si había alguien más en alguna parte del mundo, o incluso del universo, o si había habido alguien en algún momento de la historia que hubiera vivido exactamente lo que yo estaba viviendo entonces, y me moría de ganas de que fuera así. Pero luego deduje que eso no podría pasar nunca, porque cada momento es la suma de todas las cosas que pasaron antes y de todas las cosas que pasarán después; cada momento no es más que el aspecto que tiene todo eso en un punto de la secuencia que se va creando. Y pensé que quizá alguna vez haya existido, digamos, una princesa que perdió el anillo de su madre en un bosque, y que en alguna otra galaxia una extraña criatura puede haber caído, chillando, en la orilla de un lago rojo, y que en ese mismo instante podía haber un hombre mirando por la ventana hacia una calle llena de gente, apuntando con un revólver cargado, pero que ahora mismo ahí solo estaba yo, después de Chris, mirando a esa tortuga en el aula de cuarto grado y preguntándome si ese animal moriría antes de que yo pudiera dejar de ir a verlo.
“Cómo era verse con Chris”
Desde la cama donde yacía con los pies apoyados sobre una almohada, Jill podía ver su jardín, ahora en su mejor momento, y más allá, por encima de la cerca, el patio de los Bingham, sobre el cual la casa blanca parecía flotar. Se la veía impoluta y enigmática, como un vestido recién planchado, pero solo dos días atrás alguien había forzado la cerradura de la puerta cuando los Bingham no estaban y había arrasado con todo, llevándose algunas pertenencias y dejando otras hechas pedazos. “El robo”
Mi cerebro se enrolló como un tubo y por ahí brotó torrencialmente mi infancia, imágenes fugaces de cuando venía a este apartamento con mamá, papá, Peter y Bill, y de mi abuela, ágil y decidida, el recuerdo del aroma delicioso cuando se agachaba para hablarme, y de sus dientes grandes y bonitos, y de todo ese pelo plateado que ella podía recogerse con un broche en un segundo, decorándolo con algún detalle increíble. La florida vajilla de plata para tomar el té, la delicada rodaja de limón flotando como dormida en esa tacita tan frágil, las sillas de terciopelo, el cuadro de ese mundo misterioso, bello, frondoso en la pared, en el que uno prácticamente podía meterse… la luz, apenas se abría la puerta, de una época distinta, la luz encantadora, extraña y empañada que existía antes de que yo naciera… Fragmentos traslúcidos de la memoria, que se arremolinaban en aquel tubo y luego se desvanecían. Abuela, dije.
“La venganza de los dinosaurios”
La noche anterior había soñado con Delphine, un sueño delicioso, efervescente como una copa de champán, lleno de amor y belleza: un amor extraño, refinado, un sentimiento que no recuerda haber sentido nunca en la vigilia, un amor puro, sincero, fulgurante. Todavía parece envolverlo, flotando en el aire de la terraza, perfumado, brillante, evanescente.
Cuando Marcel Proust terminó de escribir «En busca del tiempo perdido» tuvo grandes dificultades para publicarlo.
André Gide, que trabajaba en La Nouvelle Revue Française, rechazó el manuscrito sin siquiera leerlo, por prejuicios acerca del autor. En su momento dijo: “Nuestra editorial publica obras serias. Está fuera de discusión que se edite algo como esto, mera literatura de un dandi mundano”.
Posteriormente, le escribió a Proust que había sido “uno de los errores más graves de la NRF y uno de los remordimientos más agudos de mi vida”.
Por su parte Humblot, director de la Editorial Ollendorff, rechazó el manuscrito tras leer el primer capítulo comentando: “No entiendo que un señor pueda llenar 30 páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de poder conciliar el sueño”.
Tampoco el poeta Jacques Madeleine quiso publicarlo en la editorial Fasquelle. “Terminadas las setecientas doce páginas de este manuscrito, uno no tiene idea de qué trata”, escribió en su dictamen.
La primera edición de «Por el camino de Swan» terminó siendo financiada por el mismo Proust, con el éxito por todos conocido.
De tu escritor favorito siempre puedes aprender. Y de tu propio diario de tapas de hule, en el que vuelcas esbozos, pálpitos, embriones de ideas y sueños, antes de que se esfumen. Nada es del todo real hasta que lo escribes o lo dibujas.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)