De tu escritor favorito siempre puedes aprender. Y de tu propio diario de tapas de hule, en el que vuelcas esbozos, pálpitos, embriones de ideas y sueños, antes de que se esfumen. Nada es del todo real hasta que lo escribes o lo dibujas.
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Esto me recuerda un poco algo que uno de los buenos biógrafos de Proust, Ghislain de Diesbach, escribió sobre él: para Proust la literatura era la máxima expresión de la vida. Supongo que muchos escritores y letraheridos estarán de acuerdo.