Lectura: «La venganza de los dinosaurios». Deborath Eisenberg

Autora fundamental, tan genial como personalísima, y con una escritura obsesionada por dar cuenta tanto de las sensaciones corporales como de las penas, los anhelos, … Read more

Origen: La venganza de los dinosaurios – Letras Corsarias Librería


Textos

Por la mañana, cuando Patty volvía de trabajar, Stuart se quedaba despierto el tiempo suficiente como para leerle algo hasta que ella se dormía. Si había sido una noche normal en el restaurante, le leía lo que fuera que él estuviera leyendo en ese momento, y Patty pronto se aburría tanto que se le cerraban los ojos. Pero si había sido una noche complicada y ella estaba muy despierta, Stuart le leía historias antiguas y extrañas de príncipes que se convertían en cisnes, de cisnes que se creían patitos de baja
categoría, de enamorados que mágicamente sabían qué camino, qué puerta, qué dirección o qué respuesta elegir, de chicas casi inocentes que caían en trances maléficos, y de soldados o chicos pobres cuyo ingenio les aseguraba un futuro brillante. Y mientras Stuart le leía, Patty se deslizaba por bosques oníricos, bañados en la luz dorada del sol, donde se encontraba con aquellas criaturas que ella conocía tan bien, por más que las criaturas mismas, engañadas momentáneamente, no estuvieran al tanto de su verdadera naturaleza.

“Peligros como estos”


De niña, me preguntaba (como todos, supongo) si había alguien más en alguna parte del mundo, o incluso del universo, o si había habido alguien en algún momento de la historia que hubiera vivido exactamente lo que yo estaba viviendo entonces, y me moría de ganas de que fuera así. Pero luego deduje que eso no podría pasar nunca, porque cada momento es la suma de todas las cosas que pasaron antes y de todas las cosas que pasarán después; cada momento no es más que el aspecto que tiene todo eso en un punto de la secuencia que se va creando. Y pensé que quizá alguna vez haya existido, digamos, una princesa que perdió el anillo de su madre en un bosque, y que en alguna otra galaxia una extraña criatura puede haber caído, chillando, en la orilla de un lago rojo, y que en ese mismo instante podía haber un hombre mirando por la ventana hacia una calle llena de gente, apuntando con un revólver cargado, pero que ahora mismo ahí solo estaba yo, después de Chris, mirando a esa tortuga en el aula de cuarto grado y preguntándome si ese animal moriría antes de que yo pudiera dejar de ir a verlo.

“Cómo era verse con Chris”


Desde la cama donde yacía con los pies apoyados sobre una almohada, Jill podía ver su jardín, ahora en su mejor momento, y más allá, por encima de la cerca, el patio de los Bingham, sobre el cual la casa blanca parecía flotar. Se la veía impoluta y enigmática, como un vestido recién planchado, pero solo dos días atrás alguien había forzado la cerradura de la puerta cuando los Bingham no estaban y había arrasado con todo, llevándose algunas pertenencias y dejando otras hechas pedazos.
“El robo”


Mi cerebro se enrolló como un tubo y por ahí brotó torrencialmente mi infancia, imágenes fugaces de cuando venía a este apartamento con mamá, papá, Peter y Bill, y de mi abuela, ágil y decidida, el recuerdo del aroma delicioso cuando se agachaba para hablarme, y de sus dientes grandes y bonitos, y de todo ese pelo plateado que ella podía recogerse con un broche en un segundo, decorándolo con algún detalle increíble. La florida vajilla de plata para tomar el té, la delicada rodaja de limón flotando como dormida en esa tacita tan frágil, las sillas de terciopelo, el cuadro de ese mundo misterioso, bello, frondoso en la pared, en el que uno prácticamente podía meterse… la luz, apenas se abría la puerta, de una época distinta, la luz encantadora, extraña y empañada que existía antes de que yo naciera… Fragmentos traslúcidos de la memoria, que se arremolinaban en aquel tubo y luego se desvanecían. Abuela, dije.

“La venganza de los dinosaurios”


La noche anterior había soñado con Delphine, un sueño delicioso, efervescente como una copa de champán, lleno de amor y belleza: un amor extraño, refinado, un sentimiento que no recuerda haber sentido nunca en la vigilia, un amor puro, sincero, fulgurante. Todavía parece envolverlo, flotando en el aire de la terraza, perfumado, brillante, evanescente.

“El crepúsculo de los superhéroes”

Deborath Eisenberg
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Imre Kertész y la sombra de Auschwitz. Rafael Narbona

Imre Kertész

La escritura del Nobel húngaro surge de la experiencia de los campos de exterminio, donde el hombre se procesa como una variable irrelevante.

Origen: Imre Kertész y la sombra de Auschwitz

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Marcel Proust y la publicación de «En busca del tiempo perdido»

Cuando Marcel Proust terminó de escribir «En busca del tiempo perdido» tuvo grandes dificultades para publicarlo.

André Gide, que trabajaba en La Nouvelle Revue Française, rechazó el manuscrito sin siquiera leerlo, por prejuicios acerca del autor. En su momento dijo: “Nuestra editorial publica obras serias. Está fuera de discusión que se edite algo como esto, mera literatura de un dandi mundano”.

Posteriormente, le escribió a Proust que había sido “uno de los errores más graves de la NRF y uno de los remordimientos más agudos de mi vida”.

Por su parte Humblot, director de la Editorial Ollendorff, rechazó el manuscrito tras leer el primer capítulo comentando: “No entiendo que un señor pueda llenar 30 páginas para describir cómo da vueltas y más vueltas en su cama antes de poder conciliar el sueño”.

Tampoco el poeta Jacques Madeleine quiso publicarlo en la editorial Fasquelle. “Terminadas las setecientas doce páginas de este manuscrito, uno no tiene idea de qué trata”, escribió en su dictamen.

La primera edición de «Por el camino de Swan» terminó siendo financiada por el mismo Proust, con el éxito por todos conocido.

(A través de Historias de la Literatura)

Marcel Proust
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Jorge Herralde: Bolaño era un genio, lo mostró en sus libros

El escritor Roberto Bolaño | Especial

El legendario editor de Anagrama habló con MILENIO del escritor, que este 15 de julio cumple 20 años de haber fallecido.

Origen: Jorge Herralde: Bolaño era un genio, lo mostró en sus libros – Grupo Milenio

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De tu escritor favorito. Eloy Tizón

De tu escritor favorito siempre puedes aprender. Y de tu propio diario de tapas de hule, en el que vuelcas esbozos, pálpitos, embriones de ideas y sueños, antes de que se esfumen. Nada es del todo real hasta que lo escribes o lo dibujas.

Eloy Tizón
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El sirviente y su amo atravesaron toda la historia occidental moderna, Milan Kundera

Teniendo por escudero a un campesino ilustrado, Don Quijote salió un día de su casa para luchar contra sus enemigos. Ciento cincuenta años después, Toby Shandy convirtió su jardín en una gran maque…

Origen: El sirviente y su amo atravesaron toda la historia occidental moderna, Milan Kundera – Calle del Orco

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La técnica es la prueba de la sinceridad. Ezra Pound

No me dedico necesariamente a leer. Lo que hago es trabajar en la vida que se me ha revelado, creo. No sé cuál es el método. El qué es mucho más importante que el cómo.

[…]

La técnica es la prueba de la sinceridad. Si algo no merece el aprendizaje de una técnica para decirlo, es de valor inferior. Hay que considerarlo un simple ejercicio. 

Ezra Pound

Entrevista con Ezra Pound (“The Paris Review”. 1953-1983)

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Cuaderno de poemas. «Si nada sobra…». José Emilio Pacheco

Si nada sobra, nada falta: hay comida,
tienes un lecho, ropa limpia,
cuadernos de dibujo, libros, juguetes.
Por un azar incomprensible te tocó en suerte nacer
del otro lado de la muralla, en los márgenes.
Pero de cualquier modo no te baña la lluvia,
no sufres hambre,
cuando te enfermas hay un médico; eres querido
y te esperaron en el mundo.
Son muchos
los privilegios que te cercan y das
por descontados. Sería imposible
pensar que otros no los tienen.
Y un día
te sale al paso la miseria. La observas
y no puedes creer que existan niños
sin pan, sin ropa, sin cuadernos, sin padre.
Te vuelves y preguntas por qué hay pobres.
Descubres
que está mal hecho el mundo.

José Emilio Pacheco

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Ventana a YouTube. R.E.M. – Everybody Hurts (Live 8 2005)

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Abigail Thomas, la narradora que saltó a la fama por culpa de un terrible accidente

La escritora Abigail Thomas, en su casa de Woodstock.FOTO CEDIDA POR LA EDITORIAL ERRATA NATURAE

Era una noche cualquiera. Rich Rogin, un periodista retirado aficionado a anotar sus avistamientos de pájaros, bajó a pasear al perro mientras su esposa, Abigail Thomas (Boston, 82 años), escritora que acabaría….

Origen: Abigail Thomas, la narradora que saltó a la fama por culpa de un terrible accidente | Cultura | EL PAÍS

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