En estos tiempos en los que la exaltación de la víctima prima sobre cualquier otra consideración, el personaje de Labayru en ‘La llamada’, el libro de Leila Guerriero, nos recuerda que el estatuto de víctima no es un destino inevitable.
Un niño de unos cinco años que ha perdido a su madre entre la muchedumbre de una feria se acerca a un agente de la policía y le pregunta: “¿No ha visto usted a una señora que anda sin un niño como yo?”.
P.: Por lo que dijo antes deduzco que no le resulta difícil escribir.
R.: No me parece fácil. Siempre tengo palabras rondándome la cabeza. Unos piensan en imágenes, otros en ideas. Yo pienso exclusivamente en palabras. Cuando mojo la pluma en el tintero, es porque las palabras que hay en mi cabeza han alcanzado un orden más o menos presentable.
Evelyn Waugh
Entrevista con Evelyn Waugh (“The Paris Review”. 1953-1983)
Enfrentémoslo, he sido momentánea. Un lujo. Una lancha rojo encendido en la bahía. Mi pelo elevándose como humo por la ventanilla del coche. Almeja fuera de temporada. Ella es más que eso. Es tu tener que tener, ha cultivado tu crecimiento práctico y tropical. No es un experimento. Es toda armonía. Cuida de los remos y de las horquillas de los remos del bote, puso flores silvestres sobre la ventana, en el desayuno, se sienta tras su rueda de alfarera a mediodía, ha sacado adelante tres niños bajo la luna, tres querubines pintados por Miguel Ángel, y lo ha hecho con las piernas bien abiertas en los terribles meses de capilla. Si volteas hacia arriba, allí reposan tus hijos como delicados globos contra el techo. […] Es tan singular y tan desnuda. Es la suma de ti y de tus sueños. Súbela como a un monumento, paso a paso. Es sólida. Yo, en cambio, soy una acuarela. Me deslavo.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)