Dostoievski me cambió. El idiota, los demonios, los hermanos Karamazov, el jugador. Me puso del revés como un guante. Entendí que podía respirar, podía ver horizontes invisibles. El odio hacia mi padre se desvaneció. Amaba a mi padre, pobre desgraciado sufriente y perseguido. También amaba a mi madre y a toda mi familia. Era hora de hacerse hombre, de dejar San Elmo y salir al mundo. Quería pensar y sentir como Dostoievski. Yo quería escribir.
Un país que destruye la Escuela Pública nunca lo hace por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la Educación, las Artes o las Culturas, está ya gobernado por aquellos que sólo tienen algo que perder con la difusión del saber.
Queridos lectores, Casi todos los libros tienen la misma arquitectura -tapa, lomo, páginas-, pero al abrirlos aparecen mundos más allá del papel y la tinta. En su interior están todas las formas y en eso radica su poder. Algunos libros son herramientas que se usan para arreglar cosas, desde las más prácticas a las más misteriosas, desde tu casa a tu corazón. O para hacer cosas, desde pasteles a barcos. Algunos libros son alas. Algunos son caballos que corren con ustedes montados. Algunos son fiestas a las que te invitan, llenas de amigos que están allí incluso cuando tú no tienes amigos. En algunos libros conoces a una persona extraordinaria; en otros, a todo un grupo o incluso a una cultura. Algunos libros son medicinas, amargas pero clarificadoras. Algunos libros son rompecabezas, laberintos, marañas, junglas. Algunos libros son viajes y al final no serás la misma persona que al principio. Algunos son luces con los que puedes iluminar casi cualquier cosa. Los libros de mi infancia eran ladrillos. Los apilé a mi alrededor como protección y me retiré dentro de sus almenas, construyendo una torre en la que escapé de infelices circunstancias. Allí viví muchos años, amando los libros, refugiándome en ellos, aprendiendo qué significa ser humano. Y crecí para escribir libros, como esperaba. Cada libro es un regalo que un escritor hace a desconocidos, un obsequio que he dado unas cuantas veces y que he recibido muchas más.
Rebecca Solnit
(Carta de Rebecca Solnit sobre el amor a los libros).
Cuenta Eduardo Galeano sobre Albert Camus en su libro «El fútbol a sol y sombra».
«En 1930, Albert Camus era el San Pedro que custodiaba la puerta del equipo de fútbol de la Universidad de Argel. Se había acostumbrado a jugar de guardameta desde niño, porque ése era el puesto donde menos se gastaban los zapatos. Hijo de casa pobre, Camus no podía darse el lujo de correr por las canchas: cada noche, la abuela le revisaba las suelas y le pegaba una paliza si las encontraba gastadas.
Durante sus años de arquero, Camus aprendió muchas cosas:
-«Aprendí que la pelota nunca viene hacia uno por donde uno espera que venga. Eso me ayudó mucho en la vida, sobre todo en las grandes ciudades, donde la gente no suele ser lo que se dice derecha».
También aprendió a ganar sin sentirse Dios y a perder sin sentirse basura, sabidurías difíciles, y aprendió algunos misterios del alma humana, en cuyos laberintos supo meterse después, en peligroso viaje, a lo largo de sus libros.»
En gran parte de las novelas mencionadas en este texto, el arte no aparece como un elemento encerrado en el museo o la galería para satisfacer la curiosidad cultural, sino que acontece en la vida d…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)