Queridos lectores,
Casi todos los libros tienen la misma arquitectura -tapa, lomo, páginas-, pero al abrirlos aparecen mundos más allá del papel y la tinta. En su interior están todas las formas y en eso radica su poder.
Algunos libros son herramientas que se usan para arreglar cosas, desde las más prácticas a las más misteriosas, desde tu casa a tu corazón. O para hacer cosas, desde pasteles a barcos.
Algunos libros son alas. Algunos son caballos que corren con ustedes montados. Algunos son fiestas a las que te invitan, llenas de amigos que están allí incluso cuando tú no tienes amigos. En algunos libros conoces a una persona extraordinaria; en otros, a todo un grupo o incluso a una cultura.
Algunos libros son medicinas, amargas pero clarificadoras.
Algunos libros son rompecabezas, laberintos, marañas, junglas.
Algunos libros son viajes y al final no serás la misma persona que al principio. Algunos son luces con los que puedes iluminar casi cualquier cosa.
Los libros de mi infancia eran ladrillos. Los apilé a mi alrededor como protección y me retiré dentro de sus almenas, construyendo una torre en la que escapé de infelices circunstancias. Allí viví muchos años, amando los libros, refugiándome en ellos, aprendiendo qué significa ser humano.
Y crecí para escribir libros, como esperaba. Cada libro es un regalo que un escritor hace a desconocidos, un obsequio que he dado unas cuantas veces y que he recibido muchas más.

(Carta de Rebecca Solnit sobre el amor a los libros).