El impulso de pintar no procede de la observación ni tampoco del alma (que probablemente es ciega), sino de un encuentro: el encuentro entre el pintor y el modelo, aunque éste sea una montaña o un …
Palabras a no dudarlo, palabras, no otra cosa. Palabras en lugares, las mismas en diferentes textos, palabras vueltas del revés desde la primera letra. A punto de poema. Halladas en ocasiones, en lindes de un olvido, en manos aún torpes de aprendices de sol y de sombra, ¿poesía qué, cuándo, poesía cómo? Acentos tales. Palabras que quieren decirnos algo oculto desde siempre por las parcas de los sueños, escondido entre los pliegues.
Hablar es fácil, trazar sobre la página palabras es, por lo general, arriesgar poco: una labor de encaje, resguardada, apacible (hasta pudo pedírsele a una vela su claridad más suave, más equívoca); se escriben las palabras con igual tinta todas, «flor» y «temblor», por caso, se parecen bastante, y aunque copie en la página mil y mil veces «sangre», no se manchará de ella, ni yo acabaré herido.
1- No existe el estilo fijo Cada libro tiene su propia música. La forma depende de la historia, no de un sello personal inamovible.
2- Escribir sin ego Aceptar la incertidumbre y la posibilidad del fracaso como parte del proceso creativo.
3- Olvidarse de los estudios literarios La técnica excesiva puede bloquear. Hay que dejar espacio para la espontaneidad y la inspiración súbita.
4- No obsesionarse con la “identidad” de los personajes Las personas cambian. Lo importante es retratar cómo se mueven en el espectro de experiencias y contradicciones.
5- Vagabundear Alternar confinamiento y movimiento. La escritura también es un viaje mental que florece en la quietud.
6- Citar a otros Reconocer las voces que nos han formado. Escribir es un diálogo con quienes hemos leído.
7- La máxima Todo viene de dentro y sale fuera. Nunca al contrario. El material mismo encontrará su forma a medida que lo trabajes.
Clara Janés: “La historia de la literatura está llena de mujeres combativas” – Lecturas Sumergidas
El ensayo «Guardar la casa y cerrar la boca», escrito por Clara Janés, destaca la importancia de las mujeres a lo largo de la historia, revelando su influencia en la sociedad. Janés expone el papel…
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)