Somos unas bestias, Marguerite Duras

«En este desorden, en este caos, de repente vi que Godard y yo éramos, en cierto modo, el mismo tipo de personas, la misma gente. Éramos personas que habían hecho algo y que habían mantenido su sal…

Origen: Somos unas bestias, Marguerite Duras – Calle del Orco

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Lección de escritor. Jorge Luis Borges

Mire, lo que yo quiero decir es que, cuando empecé a escribir, pensaba que todo debía estar caracterizado por el escritor. Por ejemplo, escribir «la luna», sin más, estaba estrictamente prohibido: había que encontrar un adjetivo, un epíteto para la luna. (Desde luego, estoy simplificando. Sin duda, he escrito muchas veces «la luna», pero ahora estoy citando el caso como una especie de símbolo de lo que yo hacía en aquella época). En fin, yo pensaba que había que caracterizarlo todo y que no se debían utilizar las frases de us común. Jamás habría escrito: “Fulanito de tal entró y tomó asiento”: era demasiado simple, demasiado fácil. Creía que debía encontrar alguna forma ingeniosa de decir lo mismo. Ahora me parece que esa clase de cosas no suelen ser más que una molestia para el lector. Pero creo que la raíz de la cuestión se remonta al hecho de que, cuando un escritor es joven, tiene la sensación de que lo que va a decir es más bien estúpido, o que resulta evidente, o que está muy trillado, así que intenta ocultarlo bajo un ornato barroco, con palabras tomadas de escritores del siglo diecisiete, o, al contrario, se propone ser moderno y entonces no para de inventar palabras, o de aludir a aeroplanos, a trenes, al telégrafo y al teléfono, porque se esfuerza al máximo para ser actual. Después, conforme pasa el tiempo, uno se da cuenta de que debe expresar sus ideas, sean buenas o malas, con sencillez, porque, si tienes una idea o un sentimiento, has de intentar que calen en el lector. 

Jorge Luis Borges


Entrevista con Jorge Luis Borges  (“The Paris Review”. 1953-1983)

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Cuaderno de poemas. Wisława Szymborska

La realidad exige
que lo digamos bien claro:
la vida sigue su curso.
Sucede así en Cannas y en Borodinó,
en los llanos de Kosovo y en Guernica
.

Hay una gasolinera
en una pequeña plaza de Jericó,
hay bancos recién pintados
cerca de Bila Hora.
Las cartas van y vienen
entre Pearl Harbor y Hastings,
pasa un camión de muebles
bajo la mirada del león de Queronea
y solo un frente atmosférico amenaza
los florecientes jardines cercanos a Verdún
.

Hay tanto de Todo
que lo que hay de Nada queda muy bien cubierto.
De los yates de Accio
llega la música
y en la cubierta, al sol, bailan las parejas
.

Pasan siempre tantas cosas
Que seguro tienen que pasar en todas partes.
Donde hay piedra sobre piedra
hay un carro de helados
cercado por los niños
.

Donde estaba Hiroshima
de nuevo está Hiroshima
y se siguen produciendo
objetos de uso cotidiano
.

No le faltan encantos a este hermoso mundo
ni tampoco amaneceres
para los que merece la pena despertar
.

En los campos de Macejowice
La hierba es verde,
y en la hierba, como pasa en la hierba,
la escarcha, transparente
.

Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,
los aún recordados,
los hoy ya olvidados,
bosques de cedros y bosques de abedules,
nieves y arenas, pantanos irisados
y barrancos de negro fracaso
donde en caso de urgencia
satisfacemos ahora nuestras necesidades.

Qué moraleja sale de todo esto: parece que ninguna.
Lo que de verdad sale es la sangre que seca rápida
y siempre algunos ríos, algunas nubes.

En esos desfiladeros trágicos
el viento se lleva los sombreros,
y es inevitable:
la imagen nos da risa.
ç

Wisława Szymborska

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Ventana a YouTube: The Beatles: Rock Band (All Cutscenes)

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Vídeo: Jean-Pierre Melville

(A través de «FilmoteCanet Cinema»)

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Álbum de Bibliotecas en construcción. CCLVII

Biblioteca de Historia, Geografía e Historia del Arte de la Universidad de Santiago de Compostela

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Crítica de ‘Seducción y traición’, de Elizabeth Hardwick: la apabullante brillantez de una escritora única

La escritora Elizabeth Hardwick. / La Opinión

La editorial Navona salda una deuda con una de las mentes más destacadas del siglo XX en EEUU con la publicación del libro de ensayos ‘Seducción y traición’ y de su magistral novela ‘Noches insomnes’

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Historias de la Litertura: Ramón Valle-Inclán y José Echegaray

Se recuerdan varias disputas famosas en la literatura, pero pocas tan cómicas como la que se dio entre José Echegaray y Ramón Valle-Inclán.

En 1904, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Literatura a José Echegaray «por haber revivido las tradiciones de la dramaturgia española».

En respuesta, muchos escritores de la generación del 98 protestaron abiertamente, llegando algunos, entre los que estaba Valle-Inclán, a firmar un manifiesto.
Años más tarde, Echegaray como jurado literario negaría el premio a un cuento presentado por Ramón.
Así nació este enfrentamiento del cual les dejamos algunos capítulos.


Estando Valle-Inclán en su habitual tertulia de café, vio entrar al hijo de Echegaray.
Alzando la voz comenzó a decir que Echegaray no tenía talento, y que estaba obesionado con la infidelidad matrimonial ya que siempre incluía en sus obras maridos cornudos y mujeres infieles.

El hijo de Echegaray, molesto, le dijo:
«¡Más respeto, que está usted hablando de mi padre!»
A lo que Valle-Inclán respondió:
«¿Está usted seguro de que es su padre?»


Tras ganar el Nobel, en Madrid, renombraron una calle José Echegaray. Para mala suerte de Valle-Inclán, en ella vivía un gran amigo suyo.
Cada vez que Ramón le escribía cartas a su amigo, en la dirección ponía «calle del Viejo Idiota». ¡Y las cartas llegaban!
A raíz de esto, Valle-Inclán afirmaba que Madrid tenía el mejor servicio de correos del mundo.


Valle-Inclán, no perdía oportunidad para molestar a Echegaray, y solía acudir a los estrenos de sus obras para boicotearlos.
En una ocasión, un personaje dijo:
«Es una mujer con nervios de acero bajo una piel de seda».
Y Ramón gritó desde el público:
«¡Eso no es una mujer, es un paraguas!»


Por último, ya en su lecho de muerte, Valle Inclán necesitaba una transfusión de sangre. Al enterarse que se había presentado como donante Echegaray, se negó a recibirla porque decía que esa sangre estaba llena de gerundios.

(A través de «Historias de la Literatura»)

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Crítica: «Cordero negro y halcón gris», de Rebecca West

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Lectura: «Ensayo general», de Milena Busquets

La escritora catalana Milena Busquets. / LOMA

Crítica del nuevo libro de Milena Busquets ‘Ensayo general’

La vida sin alardes ni artificios, la vida al natural, dura y exigente a ratos, con momentos felices en otros, con el éxito y el fracaso acechando en cada esquina, es lo que encontramos…

Origen: LIBROS | Crítica del nuevo libro de Milena Busquets ‘Ensayo general’


Textos

Me quedan los viajes con mis hijos y la lectura. En los libros, la salvación completa todavía es posible, como cuando mi madre vivía; fuera, no; en la escritura, no. Acabo de dejar a un hombre del que estoy enamorada y tengo ciento cincuenta años.


Aprendí a reconocer a la gente herida, que es la única que me interesa y la única que puede dedicarse cabalmente al oficio de escribir.


Finalmente, donde mejor están los libros es en casa de uno. Allí los puedes colocar como quieras, puedes ser todo lo absurda, irracional y caprichosa que quieras, no seguir ninguna orden o solo el orden del afecto. Yo tengo dos estantes con los libros que amo, los que me han cambiado la vida, el resto (incluidos los míos) viven promiscuamente amontonados, sin ningún orden específico. Los libros que más quiero son los que suelo tener básicamente más cerca, como las personas, los que menos me interesan están más alejados y los libros pésimos o que no tienen nada que ver con mi sensibilidad (los que me mandan sin haberlos pedido yo o los que he comprado por error) son rápidamente desterrados al mármol de la cocina, el gulag de los libros. Allí van acumulando grasa y suciedad hasta que un día los veo y exclamo: «¿Qué es esta asquerosidad?», y los tiro a la basura. Todos los amores verdaderos son implacables y el amor por los libros también.


La gente más inteligente: no logra escribir un buen libro. La gente más divertida: no logra escribir un buen libro. Ni la gente más ambiciosa, ni la más trabajadora, ni la más entusiasta, ni la mejor conectada, ni la más organizada, ni la más culta, ni la más nada. No hay ninguna garantía de que nadie pueda escribir un buen libro. No depende de ninguna cualidad específica, ni de la cantidad de horas o años que le dedica. Y, sin embargo, la mayoría de los escritores estaríamos dispuestos a darlo todo por escribir un buen libro, nos morimos por escribir algo que valga la pena, que conmueva, que atrape, que interese, que trascienda, que atraviese los siglos o al menos. los años. Pero ni todas las horas del mundo, ni toda la inteligencia, ni el tesón, ni las ganas, ni ninguna de las cualidades que en las profesiones no artísticas garantizan una buena vida le sirven a un escritor para nada. Las latas de salsa de tomate que un escritor deja perfectamente colocadas en su texto antes de irse a dormir y cerrar el ordenador pueden haber desaparecido a la mañana siguiente, o pueden haberse convertido en cajas de galletas o en comida de perro o en huevos podridos. El libro más mediocre del mundo cuesta el mismo trabajo de escribir que el libro más brillante, el esfuerzo es el mismo, la voluntad también. ¿Qué puede hacer un escritor? Nada. Escribir bien: no es suficiente. Ser ocurrido en la vida real: no es suficiente. Ser un intelectual: no es suficiente. Estar dispuesto a todo, a lo que sea, a vender tu alma al diablo: no es suficiente. Saber mucho de literatura: no es suficiente. Tener una buena historia: no es suficiente. Nada es suficiente, nada es garantía. La repisa está casi siempre vacía.


Naturalmente, un hombre que no sabía quién era Gary Cooper y que lo único que quería en la vida era jugar a tenis y follar no podía entender un concepto tan elaborado como que mi madre no me quisiera, para eso tenías que haber leído a Shakespeare, Saber quién era Ingmar Bergman y tener mucho tiempo libre, pero aquel era mi interlocutor actual, mi novio.


En el mar es cuando más advierto la diferencia entre el cuerpo y el alma: el cuerpo se pliega, obedece, se relaja, el cuerpo es agradecido, incluso viejo a veces sigue siendo como un cachorro contento y satisfecho, el alma es ingobernable.


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