Para mí, el hilo de Ariadna ha sido siempre la huella de la tinta en el papel (quizá por eso escribo a mano). Para otros es la huella del cincel en la piedra o del pincel en el lienzo, o de las sombras en la pantalla del cine. Para otros son las mañanas y las tardes de sus vidas, los abrazos de sus amantes y otros miles de consuelos preciosos. Pero cada uno de nosotros recorre su laberinto, guiado por el hilo brillante de una pasión.

Mircea Cartarescu
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