El espacio de la literatura. Kate Zambreno

¿Para qué sirve el espacio de la literatura sino como borrador para escribir sobre lo que nos exaspera? Sigo volviendo a aquel editor inglés que, cuando rechazó mi libro por correo electrónico, dijo que mi novela le resultaba exasperante, sobre todo las quejas de la narradora embarazada, aunque eso tal vez solo revelara sus prejuicios, me dijo, su aversión a los niños […].

Porque ¿qué pasaría?; ¿qué pasaría si yo estoy y estuve intentando ser exasperante? ¿Dónde está el papel en la literatura contemporánea para los exasperantes, los mezquinos, los cotillas, los resentidos? Porque en la vida real le di las gracias al editor por decirme lo que pensaba, consciente del poder que aún ejercía sobre mí, o del poder que por lo menos yo sentía que ejercía sobre mí, el prestigio que va unido a su nombre en oposición al mío, la posibilidad de que pudiera cambiar de opinión, de que algún día me publicara, o de que si yo actuaba de manera poco profesional yéndome de la lengua de alguna manera, eso pudiese tildarme de difícil en el mundo editorial, lo que me impediría intentar ganarme la vida concatenando trabajos y contratos de profesora adjunta, renovados cada año tras presentar mis súplicas, mientras que aquí, en el espacio de una obra que sé que solo leerá una persona, porque solo hay un lector leyendo cada vez, o que quizá no leerá nadie, qué más da, si ya estoy muerta, puedo decir lo que pienso y lo que siento, que lloré en el despacho de adjuntos cuando recibí su correo, y luego tuve que ponerle buena cara al alumno heterosexual embelesado por la obra de determinado escritor de autoficción publicado en esa misma editorial, y que quise preguntarle al editor si no se hartaba también cuando su amigo lo hacía de forma tan prestigiosa, y que su rechazo me dolió profundamente durante un tiempo.

Kate Zambreno


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