Y construí tu rostro.
Con adivinaciones del amor,
construía tu rostro en los
lejanos patios de la infancia.
Albañil con vergüenza,
yo me oculté del mundo
para tallar tu imagen,
para darte la voz,
para poner dulzura
en tu saliva.
Cuántas veces temblé
apenas si cubierto
por la luz del verano
mientras te describía
por mi sangre.
Pura mía,
estás hecha de
cuántas estaciones
y tu gracia desciende
como cuántos crepúsculos.
Cuántas de mis jornadas
inventaron tus manos.
Qué infinito de besos
contra la soledad hunde
tus pasos en el polvo.
Yo te oficié,
te recité por los caminos,
escribí todos tus nombres
al fondo de mi sombra,
te hice un sitio en mi lecho,
te amé, estela invisible,
noche a noche,
Así fue que cantaron
los silencios.
Años y años trabajé
para hacerte
antes de oir
un solo sonido
de tu alma.

Hermoso poema, Miguel.
Un gran poeta.