Todas las obras de arte se hacen por encargo, en el sentido de que no hay artista que cree a voluntad: todos han de esperar a que una buena idea «les venga» a la cabeza. De todas aquellas obras fallidas a causa de la falsedad o inadecuación de las ideas que las motivaron, hay muchas más que son producto de un encargo que el artista se ha hecho a sí mismo que aquellas que fueron encargadas por mecenas.

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