(Con el tiempo he aprendido que, pasado cierto límite en la descalificación o el elogio, el crítico ya no está hablando del libro, sino de sí mismo).
¿No es eso lo propio de la literatura? ¿Dejarnos levemente insatisfechos?
El entrenamiento literario no tiene utilidad. La escritura es una modalidad de entrenamiento que solo sirve para entrenarse más.
Escribir un libro es perseguir el fantasma de un libro. Cercenar las casi infinitas posibilidades de lo real, hasta reducir la complejidad del bosque a una sola rama, a una sola hoja, a un solo tallo. Una tarea agotadora, quizás anacrónica. Algo ridículamente grandioso, comparable a patentar un nuevo aliño para ensaladas.
(De Plegaria para pirómanos)
