Poco a poco desaparecieron de los libros de Calvino los paisajes verdes y frondosos, las nieves relumbrantes, la intensa luz del día. En s escritura surgió una luz diferente, una luz ya no radiante sino blanca, no fría sino totalmente desierta…»
La ironía permaneció, pero imperceptible y ya no feliz de existir, blanca y deshabitada como la luna.

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