En los libros que me deslumbraron, los autores parecen animados por tal empatía que las vidas más comunes, los acontecimientos más cotidianos, se adornan de magia. Algo grande parece surgir de nuestras vidas miserables. Ellos me infundieron la esperanza o la ilusión de que nos podíamos comprender, incluso perdonarnos y no juzgarnos. No estábamos condenados a la fría e interminable soledad”

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