Los placeres y recompensas de la inspiración literaria no son nada frente al arrobamiento de descubrir un nuevo órgano al microscopio o una especie desconocida en una ladera de montaña de Irán o Perú. No es improbable que, de no haberse producido la revolución rusa, me hubiese dedicado exclusivamente a los lepidópteros y nunca hubiese escrito una novela.
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