Lectura: ‘Piedra, papel, tijera’. Maxim Ósipov

Maxim Ósipov, autor de ‘Piedra, papel, tijera’ (Libros del Asteroide). Foto: Archivo del autor

‘Piedra, papel, tijera’, voces actuales de la nueva Rusia

Maxim Ósipov retrata en este libro de cuentos la corrupción generalizada de un país y la perplejidad de una sociedad ante un nuevo e incomprensible mundo

Origen: ‘Piedra, papel, tijera’, voces actuales de la nueva Rusia


Textos

—Es asombroso, pero todo se repite. Mis preocupaciones de hace unos treinta años son exactamente las mismas que las de ahora: 1) no ensuciarte, no envilecerte, 2) no ir a parar entre rejas y 3) no dejar pasar la oportunidad cuando llegue la hora de partir para siempre. Y sigo teniendo esa eterna esperanza, ese espejismo: el de que de pronto me despierte y toda esta pesadilla haya terminado.

(Del relato «Sventa»)


Aun así, en realidad, ¿qué me importan las autoridades? La luz brilla, el agua corre. No siempre; hay algunos cortes, pero corre. No, todo esto es para distraerme, para no pensar en Vérochka… ¿Qué es lo que me asustaba entonces? ¿Creí que al casarme con ella podría estar cometiendo un robo? Débiles excusas. Nuestra vida aquí, claro está, hubiera sido impensable… Si lo pienso crudamente, me asusté del amor y de los sufrimientos que el amor comporta. Peor: no de los sufrimientos, sino de los dolores de cabeza. Dicho sea sin ningún género de piedad hacia mí mismo.

(Del relato «Piedra, papel, tijera»)


El breve período de entusiasmo provocado por los cambios pasa de largo ante ella: Rujshona ve que los cambios, desde el punto de vista espiritual, carecen de sentido y que quienes lo disponen todo no son más que envoltorios. Sobre la gran biblioteca del país aparece una enorme chocolatina: «Te la comes y listo». Las chocolatinas y los carteles en los que aparecen son consecuencia del reinado de los hombres huecos. «Todos queremos cosas dulces y sabrosas.» «Sentirás el dulzor en la boca, madre patria, pero tus hijos se convertirán en lacayos», piensa Rujshona y abandona Moscú.

(Del relato «Piedra, papel, tijera»)


En Moscú se vive una intensa tensión social; es 1989 y la gente se está enterando de muchas y diversas verdades. De lo pequeño y privado, la atención se traslada a lo social y común. Hay que darse prisa y los dos, Shúrochka y Aliosha, unen sin esfuerzo sus destinos. Ni siquiera la cuestión de dónde han de vivir, si con los padres de Shúrochka o con el padre de Aliosha, es motivo de conflicto: tienen claro que donde hay que vivir es en los Estados Unidos de América.

(Del relato Cape Cod»)


A los que formaron parte del Primer Directorio del KGB (sí, ese KGB), no les dejan viajar a Europa; de hecho, a ninguna parte. Es una prohibición bien pública. El padre soltó todo eso a toda prisa e incluso con tono displicente: eres una chica lista, deja de dártelas de que todo esto te ha sorprendido.
No le venía del todo de nuevas, claro. Cierta vez, tendría unos trece años, Betty oyó por casualidad lo que decía un vecino al que llamaban tío Savva, y que vino a ver a su padre a casa. Contaba divertido cómo un compañero de ambos casi manda al otro barrio a un médico al que, tras operarle con éxito, le regaló un whisky o un coñac carísimo, una botella que contenía una concentración enorme de una sustancia venenosa (Betty había olvidado cuál era). Al parecer había sacado la botella del armario equivocado. El padre lo hizo callar al instante y lo sacó de casa de malas maneras. Y entonces Betty oyó por primera vez una espléndida frase. Su padre la pronunció en inglés: Ask no questions, and you’ll be told no lies (No preguntes y no te mentirán). Y estaba también el hecho de que, en efecto, él nunca viajaba al extranjero; prefería pasar las vacaciones en casa. Seguro que, si se hubiera parado a pensar, habría podido recordar más cosas.

(Del relato «En el Spree»)

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