Lectura: «Tuyo es el mañana». Pablo Martín Sánchez

Pablo Martín Sánchez viaja al peor año de la Transición

El escritor de Reus publica su segunda novela, ‘Tuyo es el mañana’

El día que nació el escritor Pablo Martín Sánchez, un 18 de marzo de 1977 en Reus (Tarragona), el Boletín Oficial del Estado (BOE) publicó un nuevo indulto y en España […]

Origen: Pablo Martín Sánchez viaja al peor año de la Transición | Cataluña | EL PAÍS


Textos

Hoy vas a nacer. No deberías, pero lo vas a hacer. No deberías porque el infierno está ahí afuera. Hay manifestaciones día sí y día también. La gente habla de elecciones. De atentados. De amnistías. Y estás tan bien en tu cueva. Tan calentito. Tan ingrávido. No tienes que respirar, ni que comer, ni que llorar. ¿Para qué, si no te oyen? Patalear, eso sí. Dar manotazos. Como un púgil o un karateca. Demostrar que estás preparado para enfrentarte a la vida. A un medio hostil. La vida te da mucho, dice la gente.


Tendré que llamarla desde el aeropuerto, para que esté preparada y me diga de una vez por todas cómo quiere resolver el tema de la adopción. Yo creo que lo más fácil es lo del parto simulado y que luego lo inscriba en el registro como si fuera suyo, que para algo lleva seis meses encerrada en Benasque sin ver a nadie. No entiendo estos escrúpulos de última hora, la verdad.


Ah, no, eso sí que no, por ahí no paso. Si hay algo que no soporto en esta vida es la blasfemia. ¡Mal rayo te parta, hereje, ruin y pendenciero! ¡Así acabes en la laguna Estigia rodeado de serpientes, tarántulas y comadrejas! A fe mía que la blasfemia sale hoy muy barata. Incluso en tiempos de Franco salía más a cuenta insultar a Dios que al Generalísimo, se lo oí decir a mi José Mari el día que la pequeña Montse volvió del colegio preguntando si era verdad lo que había dicho la señorita, que la blasfemia se castigaba con seis meses de arresto y las injurias al jefe del Estado con seis años de cárcel. Con lágrimas en los ojos preguntó que cómo era posible, si Dios está por encima de todas las cosas, a lo que mi José Mari respondió con el aplomo y la firmeza que se le supone en estos casos a un pater familias: «Porque Dios no se enfada cuando lo insultan, y Franco sí».


Tras el esfuerzo del parto, estás rendido. La vida en el exterior es tan extraña. Los sentidos se multiplican. Todo suena. Todo brilla. Todo sabe. Todo huele. Todo duele. Te sientes solo, desprotegido. Te entran ganas de apretar, de lamer, de dormir. Tienes las uñas largas. La cara hinchada, la piel enrojecida. Puntitos blancos en la nariz. Te molesta el nudo que te han hecho en el cordón umbilical. Estiras el cuello. Estornudas. Lloras. Tienes mocos. Vuelves a estornudar. Respiras a grandes bocanadas. Ensucias el pañal con una sustancia oscura, casi negra, que se irá volviendo verde, amarilla. Tu hermano ha tenido más suerte. Se ha quedado con mamá, mientras tú te alejabas de sus brazos. Ella apenas ha tenido fuerzas para preguntar por ti. Pero lo ha hecho. Con un hilo de voz. «¿Y el otro, doctor, dónde está el otro?». El doctor no ha respondido, se ha limitado a ponerle una mano en el hombro antes de salir de la habitación. Mecido por los brazos de Morfeo, has apretado los puños, has estirado las piernas, te has quedado dormido. Tus párpados se han cerrado para protegerte de la luz. Tus ojos han empezado a moverse rápidamente. Tu respiración se ha relajado. Los latidos de tu corazón se han espaciado. Has entrado en un sueño liviano que se ha ido haciendo cada vez más profundo. El sueño es importante para reponer fuerzas. Para la maduración de tu cerebro. Para el desarrollo de tu sistema inmunológico. Te ha despertado la llegada del doctor Breogán. El timbre de voz delataba su agitación. Discutía con la hermana Dolores. Mamá quería verte. Darte un último beso. Comprobar con sus propios ojos que era cierto lo que decían. «Habrá que bajar a la morgue», ha sentenciado el doctor. Durante unos segundos, se ha hecho el silencio. Hasta que has roto a llorar. El doctor ha salido de la habitación. La hermana Dolores te ha cogido en brazos y te ha acunado. Pero no es lo mismo, no es lo mismo.

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