Si yo no hubiera existido, alguien habría escrito mis novelas. Y las de Hemingway, Dostoievski y todos los demás. La prueba es que hay al menos tres candidatos a la autoría de las obras de Shakespeare. Pero lo importante es Hamlet y El sueño de una noche de verano, no quién las escribiera. La cuestión es que alguien lo hizo. El artista no es relevante, lo único que cuenta es su creación, porque ya no hay nada nuevo que decir: Shakespeare, Balzac y Homero escribieron las mismas historias, y si hubieran vivido mil o dos mil años más, los editores no habrían necesitado nada nuevo de ellos.

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