Proceso creativo. Georges Simenon

P.: Me ha enseñado usted los sobres de papel manila que usa cuando empieza sus novelas. Antes de ponerse a escribir, ¿cuánto ha trabajado ya conscientemente para planificar la novela de la que se va a ocupar?

R.: Tal como usted sugiere, tenemos que distinguir entre trabajo consciente e inconsciente. De manera inconsciente, seguramente suelo tener dos o tres… no diré novelas, ni siquiera ideas para novelas, pero sí temas en mente. Ni siquiera me planteo si podrán servir para una novela; para ser más precisos, son las cosas que me preocupan. Dos días antes de ponerme a escribir una novela, adopto de forma consciente una de esas ideas. Pero antes de eso, primero encuentro una atmósfera. Hoy hace un poco de sol aquí. Quizá me acuerdo de tal y cual primavera, por ejemplo en un pueblecito italiano o en algún lugar de la campiña francesa, o en Arizona, no sé. A continuación, poco a poco, empieza a esbozarse un pequeño mundo poblado de unos cuantos personajes. Esos personajes están sacados en parte personas a las que he conocido y en parte de la pura imaginación; son un compuesto de ambas cosas, ya sabe. Y entonces la idea que traía de antes llega y se les agrega. Esos personajes pasan a tener el mismo problema que tenía yo en mente. Y el problema -el de esos personajes- me proporciona la novela.

P.: ¿Y eso pasa sólo un par de días antes?

R.: Sí, sólo un par de días, porque, una vez tengo el principio, ya no puedo soportar llevarlo dentro mucho tiempo; así que al día siguiente saco un sobre, cojo mi listín telefónico para buscar nombres y mi plano de la ciudad para saber exactamente dónde pasan las cosas. Y dos días más tarde me pongo a escribir. El principio siempre es el mismo; es casi un problema geométrico: tengo a este hombre, tengo a esta mujer y tengo este escenario. ¿Qué podría llevarlos al límite? Ésa es la cuestión. A veces es un incidente muy simple, cualquier cosa que les cambie las vidas. Luego escribo la novela capítulo a capítulo.

P.: ¿Qué guarda en el sobre de la planificación? ¿Un esbozo de la acción? 

R.: No, no, cuando empiezo la novela, no sé nada de lo que va a pasar. En el sobre sólo meto los nombres de los personajes, sus edades y sus familias. No sé nada en absoluto de los acontecimientos que van a tener lugar después. Si lo supiera, ya no me resultarían interesantes.

P.: ¿Cuándo empiezan a cobrar forma los incidentes? 

R.: La víspera del primer día sé qué va a pasar en el primer capítulo. Luego, día a día y capítulo tras capítulo, voy averiguando qué viene después. Una vez empezada la novela, escribo un capítulo al día, sin descanso, porque es importante seguir el ritmo. Si, por ejemplo, me paso cuarenta y ocho horas enfermo, tengo que tirar a la basura los capítulos que llevo escritos. Y ya nunca vuelvo a esa novela.

P.: Cuando escribía usted narrativa comercial, ¿seguía un método parecido? 

R.: No, en absoluto. Cuando escribía una novela comercial no pensaba en ella más que durante las horas que dedicaba a escribirla. Ahora, en cambio, cuando escribo una novela no veo a nadie ni hablo con nadie, no atiendo el teléfono… Vivo como un monje. Soy uno de mis personajes todo el día: siento lo que él siente.

Georges Simenon

(De las entrevistas en The Paris Review)

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