Hemingway

El tablero superior de una de esas librerías-la que está junto a la ventana orientada al este, a un metro escaso de la cama-es el «escritorio» de Hemingway, una superficie de medio metro cuadrado escaso acotada por libros a un lado y una pila de periódicos, papeles, manuscritos y folletos al otro. En el poco espacio que queda libre hay el sitio justo para una máquina de escribir, un atril de madera, cinco o seis lápices y un pisapapeles de cobre para cuando entra aire por la ventana.
Hemingway escribe de pie, un hábito que adquirió desde el principio. Con sus pantuflas un par de tallas más grandes de lo necesario, sobre una pequeña alfombra muy gastada de piel de kudú, se planta delante de la librería, con la máquina de escribir y el atril a la altura del pecho.
En la primera fase de un proyecto, Hemingway escribe a lápiz en papel cebolla usando el atril a modo de tabla de escritura. A la izquierda de la máquina de escribir tiene las hojas en blanco en un portapapeles con una pinza en la que pone «Pendientes de pago», y las va sacando de una en una a medida que las ya necesitando. Con la hoja en posición ligeramente oblicua sobre el atril y el brazo apoyado en la tabla, sujeta el papel con la mano izquierda mientras va escribiendo con una letra que, con el paso de los años, ha ido ganando tamaño y se ha infantilizado, con escasos signos de puntuación, muy pocas mayúsculas y los puntos marcados a menudo con una X. Cada vez que termina una página, la sujeta con una pinza en otro portapapeles situado a la derecha de la máquina de escribir.
Sólo cuando la escritura es fluida, o cuando se trata de un pasaje sencillo—al menos para él—, como un diálogo, Hemingway coloca el atril en posición vertical y continúa en la máquina de escribir.
En un gran trozo de cartón de embalar fijado a la pared debajo de una cabeza de gacela disecada, va registrando su progreso, «para no engañarme a mí mismo». Las cifras que hay sobre la tabla indican su producción diaria en número de palabras, y oscilan considerablemente: 450, 575, 462, 1250 , 512. Las cantidades más altas representan los días en que le echa más horas al trabajo para ir a pescar al día siguiente a la corriente del Golfo sin sentirse culpable.

George Plimpton ((Entrevista en “The Paris Review”)

Hemingway
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Una respuesta a Hemingway

  1. riol.angel dijo:

    Muy motivador…

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