Lectura: ‘Despojos’. Rachel Cusk

Rachel Cusk. Foto: Siemon Scamell-Katz

Los ‘Despojos’ rotos de Rachel Cusk

‘Despojos’ es mucho más que el relato autobiográfico de un divorcio, es literatura universal que rasga la normalidad funcionarial de los matrimonios

Origen: Los ‘Despojos’ rotos de Rachel Cusk | El Cultural


Textos

Y tú te llamas feminista, me decía mi marido, con rabia, en las semanas de amargura brutal que siguieron a nuestra separación. Creía que era él quien había desempeñado el papel de la mujer en nuestro matrimonio, y al parecer esperaba que yo lo defendiera de mí misma, del macho opresor. Creía que hacer la compra, cocinar y recoger a las niñas en el colegio eran tareas femeninas. Yo, en cambio, cuando más asexuada me sentía era cuando hacía esas cosas. A mí mi madre no me parecía un modelo por su forma de cumplir con sus obligaciones maternales: al contrario, me parecía que esas tareas amenazaban su feminidad en lugar de subrayarla.


Los hombres son protectores o depredadores, no recuerdo bien cuál de las dos cosas.



En un matrimonio, es dentro donde ocurre la intimidad, donde las parejas se pelean o hacen el amor, donde son sinceras, donde se muestran como son de verdad. La mayoría de los matrimonios tienen una fachada pública, un aspecto de representación, como el cuerpo tiene su piel. Una pareja que discute en público es como un cuerpo que se desangra, pero existen otras formas de morir que no se ven desde fuera. A la gente le horroriza el cáncer, tan invisible y silencioso, y la ruptura de algunas parejas que nunca se han mostrado hostilidad públicamente. Parecían muy felices, dicen, porque la idea de que la muerte pueda no dar ninguna señal de que se está acercando nos hace sospechar que ya está aquí. Erais la última pareja, me dijo una amiga, la última de la que nos esperábamos esto. Y esta amiga, como otras, salió corriendo, huyó, como huye la gente de las víctimas agonizantes de una plaga, por miedo al contagio. A veces suena el teléfono en mi casa medio vacía y una voz de mujer dice: lo sentimos muchísimo. Lo sentimos muchísimo cuando nos enteramos.


Mis hijas y yo no salimos mucho: se ha instalado en casa una especie de letargo que puede transformar cualquier movimiento en dolor. Yo al principio creía que ir a alguna parte creaba posibilidades de consuelo, incluso de recuperación, pero he descubierto que toda acogida es también una forma de exposición. Es como si, en casa de otras personas, tomáramos conciencia de nuestra desnudez. Hubo un tiempo en el que confundí esta desnudez con la libertad, pero ya no.


Z es un hombre. ¿Qué soy yo para un hombre y qué es él para mí? No me he parado a pensarlo: no salgo muy a menudo. Me siento como el soldado que vuelve de la guerra, cargada de experiencias que me han silenciado. No puedo volver a la inocencia, a la inocencia del primer encuentro entre un hombre y una mujer. Está claro que Z también es un veterano, que también está ahogado en el silencio de la experiencia.


Le digo a Y: El matrimonio es un modo de manifestación. Absorbe el desorden y lo manifiesta como orden. Reúne cosas distintas y las convierte en una sola. Recibe caos, diversidad y confusión y los convierte en forma.

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