[…] cuando escribo un artículo, normalmente lo hago porque estoy enfadado. La primera fuerza motora es el sentimiento de enojo. Pero cuando escribo un relato, una de las cosas que mueve mi mano es la curiosidad. Una curiosidad tal que me resulta imposible saciarla. Me produce muchísima curiosidad meterme en la piel de los demás. Y considero que la curiosidad no es solo una condición indispensable para cualquier trabajo intelectual, sino también una cualidad moral. Es, tal vez, la dimensión moral de la literatura.
