[…] Lo que hacemos lo sabemos sólo después. La mayoría de los poetas, creo, se sienten atraídos por lo desconocido, y la escritura es para ellos una manera de hacer visible lo desconocido. Y si aquello que buscamos está oculto o es desconocido, ¿cómo abordarlo usando medios predecibles? Confieso que en mí hay un deseo de olvidar el saber, sobre todo cuando me dispongo a trabajar en un poema. Las transacciones del oficio suceden a oscuras. Jung lo sabía cuando dijo: «Mientras nos encontramos inmersos en el proceso creativo, ni vemos ni comprendemos, y de hecho no debemos comprender, pues nada perjudica más a la experiencia inmediata que el conocimiento». Y también lo sabía Stevens cuando escribió: Uno tiene que saber, de alguna manera, que tal sonido es el sonido exacto: y de hecho ya lo sabe, sin saber cómo. Su conocimiento es irracional». Esto no quiere decir que la racionalidad sea buena o mala, sino sencillamente que tiene poco que ver con la escritura de poemas (a diferencia de lo que ocurre, por cierto, con la comprensión de poemas).

Descubre más desde Los cuadernos de Vieco
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.