Lectura. “Gente normal”. Sally Rooney

Sally Rooney

Tras el éxito de ‘Conversaciones entre amigos’, Sally Rooney regresa con una intermitente historia de amor entre dos jóvenes dañados, solos y anhelantes.

Origen: Gente normal | El Cultural


Textos

Está sentada en el tocador, mirando su cara en el espejo. Le falta definición alrededor de las mejillas y la mandíbula. Es una cara que parece un aparato tecnológico, y los dos ojos son como cursores parpadeando. O recuerda a la luna reflejada en algo, temblorosa y oblicua. Lo expresa todo al mismo tiempo, que es lo mismo que no expresar nada. Ponerse maquillaje para la ocasión sería, decide, incómodo. Sin dejar de mirarse a los ojos, hunde el dedo en un tarrito de bálsamo labial transparente y se lo aplica.


Así son las cosas en Dublín. Todos los compañeros de clase de Connell tienen idéntico acento y llevan un MacBook del mismo tamaño debajo del brazo. En los seminarios expresan sus opiniones con vehemencia y llevan a cabo debates improvisados. Incapaz de formular posturas tan claras o de expresarlas con una mínima contundencia, Connell experimentó al principio un sentimiento de aplastante inferioridad respecto a sus compañeros de universidad, como si se hubiera ascendido a sí mismo por error a un nivel muy superior al suyo, en el que tiene que esforzarse por asimilar las premisas más elementales. Poco a poco empezó a preguntarse por qué los debates en todas sus clases eran tan abstractos y carecían de detalles textuales, y terminó por darse cuenta de que la mayoría de gente no seguía el programa de lecturas. Iban todos los días a la universidad a mantener acalorados debates sobre libros que no habían leído. Ahora entiende que sus compañeros de clase no son como él. Para ellos es sencillo tener opiniones, y expresarlas con confianza. No les preocupa quedar como unos ignorantes o unos engreídos. No son tontos, pero tampoco mucho más inteligentes que él. Es solo que se mueven por el mundo de otra manera. Seguramente nunca llegará a comprenderlos del todo, y sabe que ellos nunca lo comprenderán a él, ni lo intentarán siquiera.


Ella lo mira, quizá para ver si está bromeando, y luego levanta la barbilla con la cabeza ladeada, y Connell sabe que ya no se echará atrás en su decisión de contárselo, porque eso supondría ceder en algo que ella no cree acerca de sí misma. No es que me ponga que me humillen, dice. Es solo que me gusta saber que soy capaz de humillarme por alguien si el otro quiere. ¿Tiene sentido eso? No sé si lo tiene o no, le he estado dando vueltas. Tiene más que ver con la dinámica en sí que con lo que pasa en concreto. La cosa es que se lo propuse, que podía probar a ser más sumisa. Y resulta que a él le gusta pegarme. Connell tiene un acceso de tos. Marianne coge un removedor de café de madera de una jarrita que hay sobre la mesa y lo retuerce entre los dedos. Él espera a que la tos remita y luego le dice: ¿Qué te hace? Ah, no sé. A veces me azota con un cinturón. Le gusta asfixiarme, cosas así. Vale.


Helen le ha traído a Connell una nueva forma de vivir. Es como si hubiesen levantado una tapa increíblemente pesada de su vida emocional y de pronto pudiese respirar aire fresco. Es físicamente posible escribir y mandar un mensaje que diga: ¡te quiero! Antes nunca le había parecido que lo fuera, ni remotamente, pero en realidad es fácil. Por supuesto, si alguien viera esos mensajes pasaría vergüenza, pero ahora sabe que esa clase de vergüenza es normal, un impulso casi protector hacia una parte especialmente buena de la vida. Puede sentarse a cenar con los padres de Helen, la puede acompañar a las fiestas de sus amigos, es capaz de tolerar las sonrisas y el intercambio de conversaciones repetitivas. Puede estrechar su mano mientras la gente le hace preguntas sobre su futuro. Y cuando ella lo toca espontáneamente, aplicando una ligera presión en su brazo, o hasta cuando alarga la mano para quitarle una hilacha del cuello de la camisa, siente una oleada de orgullo y espera que la gente los esté mirando. Que lo conozcan como su novio lo asienta con firmeza en el mundo social, lo afirma como una persona aceptable, alguien con cierto estatus, alguien cuyos silencios en la conversación son pensativos y no una muestra de ineptitud social.


Era cultura como representación de clase, literatura fetichizada por su capacidad de transportar a gente cultivada a viajes emocionales falsos que luego les permitían sentirse superiores a la gente inculta acerca de cuyos viajes emocionales les gustaba leer. Aunque el autor en sí fuese buena persona, y aunque el libro fuese verdaderamente profundo, todos los libros se comercializaban en último término como símbolos de estatus, y todos los escritores participaban en un grado u otro de ese mercadeo. Así era, cabía suponer, cómo ganaba dinero la industria. La literatura, tal y como estaba presente en esas lecturas públicas, no tenía ningún potencial como forma de resistencia ante nada. Aun así, al volver a casa esa noche Connell releyó algunas notas que había estado tomando para un nuevo relato, y sintió la antigua palpitación del placer en su interior, como al contemplar un gol perfecto, como el movimiento susurrante de la luz entre las hojas, un fragmento de música que sale de la ventanilla de un coche al pasar. La vida brinda esos momentos de felicidad a pesar de todo.


El verano anterior había leído por primera vez uno de los relatos de Connell. Sentarse allí con esas páginas impresas, plegadas por la esquina superior izquierda a falta de grapas, le proporcionó una noción muy particular de él como persona. Por un lado se sintió muy cercana a él mientras leía, como si estuviese contemplando sus pensamientos más íntimos, pero también hizo que lo sintiera lejos, concentrado en una tarea compleja él solo, una tarea de la que ella jamás podría formar parte. Por descontado, tampoco Sadie podría formar nunca parte de ella, no verdaderamente, pero al menos era escritora, y escondía también una vida imaginaria propia. La vida de Marianne transcurre estrictamente en el mundo real, poblado de individuos reales. Piensa en Connell diciendo: La gente es mucho más fácil de conocer de lo que pensamos. Pero, aun así, él tiene algo de lo que ella carece, una vida interior que no incluye al otro.

Sally Rooney. Gente normal
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