El cuadro no está pensado ni fijado de antemano; mientras se le pinta sigue la movilidad del pensamiento. Una vez acabado, vuelve a cambiar según el estado del que le mira. Un cuadro vive su vida como un ser viviente y sufre los cambios que la vida cotidiana nos impone. Ello es natural puesto que un cuadro sólo vive por áquel que lo mira.

Museo Picasso. Málaga
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