La verdad de los poetas. Marina Tsvietáieva

Así es también la verdad de los poetas; la más invencible, la más inaprehensible, la más indemostrable y convincente. Una verdad que vive en nosotros sólo un primer instante de la percepción (¿qué cosa fue?) y permanece solamente en nosotros, como la huella de una luz o de una pérdida (¿acaso fue verdaderamente?). Una verdad irresponsable y sin consecuencias; una verdad que — ¡por Dios! — ni siquiera es necesario intentar seguir, ya que incluso para los poetas no tiene retorno. (La verdad del poeta es un camino en el que las huellas se van cubriendo de vegetación. No habría huellas, incluso para él, si él pudiera ir detrás de sí mismo). No sabe qué dirá, y con frecuencia tampoco sabe qué dice. No lo sabe hasta que lo ha dicho, y lo olvida en cuanto lo ha dicho. No es una de las innumerables verdades, sino uno de sus innumerables aspectos, que se destruyen mutuamente cuando son confrontados. Aspectos de la verdad que sólo se realizan una vez. Sencillamente — una inyección en el corazón de la Eternidad. El medio: la confrontación de las dos palabras más simples, que se colocan una al lado de la otra precisamente de este modo. (Algunas veces – ¡divididas por un solo guión!).

Marina Tsvietáieva

(A través de “Biblioteca Ignoria”)

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