Lo que más amenaza a los poetas no son las violentas arremetidas de los propagandistas puritanos, ni los ataques salidos de la pluma de sus hermanos-novelistas; tampoco logrará hacerles mucho daño la aversión de los jansenistas ni la ira de esos filósofos para quienes los poemas son obra de una musa demasiado frívola. Lo más peligroso es la indiferencia, la ilimitada indiferencia de los pasajeros de los trenes suburbanos y de los fanáticos adictos a la televisión. Lo peor es cuando nadie escribe panfletos contra la poesía.

Adam Zagajewski. En la belleza ajena
La indiferencia es la asesina silenciosa perfecta de todo. También lo es de la poesía.