La poesía surge del deseo de llegar más allá de lo finito y lo histórico -el mundo humano de la violencia y la diferencia- y de alcanzar lo trascendente o lo divino. Uno se siente movido a escribir un poema, se siente llamado a cantar, por ese impulso trascendental. Pero en el momento en que uno pasa de ese impulso al poema en sí, el cántico de lo infinito se ve comprometido por el carácter de finitud que condiciona su creación.

Ben Lerner. El odio a la poesía