Lidiya Chukovskaya, que conocía muy bien a Solzhenitsyn, relata en un ensayo rememorativo cómo se creó «El archipiélago Gulag». Solzhenitsyn dedicó a la obra todos los momentos de su vida. No tenía tiempo para charlar. Acabado el almuerzo, se levantaba de un salto y volvía al trabajo. Dejó de ver a sus amigos. Sus amigos le tacharon amargamente de egoísta.

Adam Zagajewski