Emilio Renzi leyendo a Céline

Paso el día leyendo a Céline. Se resuelven varias cosas pendientes de la revista (la tapa, la mayoría de los artículos). En Céline me entusiasma el tono confesional en que se narra «el mal». En un sentido, es el límite de la primera persona: hay que explicar por qué ese individuo es capaz de acusarse a sí mismo de actos que la sociedad considera detestables. Céline construye conscientemente escenas horribles, nunca se autoincrimina, nunca se queja, sólo narra los hechos con un tono levemente cínico para mostrar que en el momento de escribir sólo recuerda los sucesos malditos que narra. Ya es otro que parece haberse purificado sólo por contar la verdad.

Ricardo Piglia  Ricardo Piglia

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