Cuaderno de poemas. Phillip Larkin

Sapos

¿Por qué dejar que el sapo trabaje

como un okupa sobre mi vida?

¿No puedo usar mi ingenio de horqueta

y sacarme a la bestia de encima?

 

Mancha seis días semanales

con su veneno repulsivo,

¡sólo para pagar algunas cuentas!

Es un exceso.

 

Mucha gente vive en su sano juicio:

conferencistas, tartamudos,

desgarbados, patanes, perdedores,

y no terminan pobres;

 

mucha gente vive en los cerros

hacen fuego en un tambor,

comen a la suerte de la olla, latas de jurel

y pareciera gustarles.

 

Sus niños andan a pata pelada,

sus esposas indescriptibles

son flacas como galgos, y no obstante

nadie se muere de hambre.

 

Ah, si tuviera tanto arrojo

para gritar, ¡me cago en tu pensión!

pero sé, demasiado bien, que es esa

la materia de nuestros sueños:

 

porque algo muy parecido a un sapo

también habita en mí;

sus ancas son pesadas como la mala suerte

y frías como la nieve,

 

y nunca admitirá que adule

mi forma de lograr

la fama y el dinero y la muchacha

de un solo golpe.

 

No digo que uno calce en la verdad

espiritual del otro;

digo lo duro que es perder cualquiera,

en caso que tuvieras ambas.

Larkin  Phillip Larkin

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