Sapos
¿Por qué dejar que el sapo trabaje
como un okupa sobre mi vida?
¿No puedo usar mi ingenio de horqueta
y sacarme a la bestia de encima?
Mancha seis días semanales
con su veneno repulsivo,
¡sólo para pagar algunas cuentas!
Es un exceso.
Mucha gente vive en su sano juicio:
conferencistas, tartamudos,
desgarbados, patanes, perdedores,
y no terminan pobres;
mucha gente vive en los cerros
hacen fuego en un tambor,
comen a la suerte de la olla, latas de jurel
y pareciera gustarles.
Sus niños andan a pata pelada,
sus esposas indescriptibles
son flacas como galgos, y no obstante
nadie se muere de hambre.
Ah, si tuviera tanto arrojo
para gritar, ¡me cago en tu pensión!
pero sé, demasiado bien, que es esa
la materia de nuestros sueños:
porque algo muy parecido a un sapo
también habita en mí;
sus ancas son pesadas como la mala suerte
y frías como la nieve,
y nunca admitirá que adule
mi forma de lograr
la fama y el dinero y la muchacha
de un solo golpe.
No digo que uno calce en la verdad
espiritual del otro;
digo lo duro que es perder cualquiera,
en caso que tuvieras ambas.
Phillip Larkin