Carmen se sirvió una copa más, a condición de que fuese la última. «Por hoy ya es bastante, Gabi [Gabriel Ferrater]» y le puso una mano en el hombro. Él sonrió y le preguntó si conocía el telegrama que recibió Mauriac de André Gide al día siguiente de la muerte del autor de «Los monederos falsos». Carmen Rojo meneó la cabeza, como hacen los caballos para apartarse las moscas de los ojos. Nunca había oído hablar de Mauriac. El telegrama era más bien breve. Decía: «El infierno no existe. Suéltate el pelo. Stop. Gide»
Juan Tallón. Fin de poema