… y eso (el ritmo) se logra trabajando. Es un trabajo de continuo reescribir hasta que no te da vergüenza el párrafo. Y si no te avergüenza puedes intercalar ironía, humor, lástima, lo que se te ocurra. […] Es el oído. Si veo que no funciona, que sobran frases, tengo que cortar hasta que queda redondo. Si no queda redondo, yo no avanzo.
Manuel Longares