Joan Margarit: “Nuevas cartas a un joven poeta”, y 10. Poesía y soledad

La poesía no es que sea la antesala de la soledad, es que es la soledad misma. El poeta joven ha de saber que lo que está emprendiendo no es una vida de realización personal paralela a cualquier otra más importante que decida hacer. Esto es lo que a su alrededor creerá mucha gente, que calificará a la poesía de “hobby”. Un poeta da miedo por la verdad que busca y por la soledad que trae. El entorno tenderá, o bien a negar que sea, “hablando seriamente”, un poeta, o bien a marginarlo.

[…] me parece que quien no pueda atravesar, no digo que sin penalidades, pero sí sin perjuicios poéticos, esta soledad, seguramente no es un verdadero poeta.

Escribir poesía es una obsesión en el buen sentido de la palabra, ya que la idea persistente que se apodera de la mente es benéfica, ya que tiene mucho que ver con la verdad y el consuelo. Esto contribuye a proteger al poeta en su búsqueda, pero no puede eliminar los sentimientos contradictorios de su entorno inmediato, porque, en el fondo, todo el mundo suele desear aquello de lo que tiene miedo. Si las obsesiones contribuyen a deslizar a una persona hacia la soledad, la de la poesía lo hace con más fuerza.

[…]

El poeta debe reflexionar sobre el porqué de la soledad y de dónde procede. Reflexionar sobre cómo actúa en los buenos poemas el individualismo moderno, que ya es el del personaje que habla en «Las flores del mal», por otra parte no tan diferente del individualismo de Aquiles en la Iliada. Debe pensar en qué circunstancias transcurrirá su aprendizaje de la poesía y cómo este será, al mismo tiempo, el aprendizaje de la soledad. Nadie a madurado sin haber sufrido ninguna conmoción, ninguna pérdida ni ninguna angustia, y los buenos poemas muestran siempre lo importante que es la experiencia del dolor. Para esto se necesita la poesía, porque no siquiera el amor se entiende sin la experiencia del sufrimiento.

El poeta y el lector saben que este camino hacia el crecimiento interior pasa por una aproximación a la lucidez, a la verdad. Se trata de hacer frente al desorden, al dolor, al mal, de manera que quede iluminado –como el pan de Dalí en aquel cuadro que es uno de los mejores de este pintor- con una claridad que por sí misma ya consuela. Una claridad que –misteriosamente- permite vivir sin necesidad de olvidar. Este es para mí, el territorio de la poesía, porque esta iluminación es la que el poema proporciona. Este es el objetivo, tanto de quien escribe como de quien lee poesía: alcanzar cada uno su propia manera de hacer frente a la soledad.

Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta  Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta

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