[…]
—Yo creo que he andado muy cerca de estar vivo. Los antepasados me visitan. Guardo dentro de mí a la mujer que perdí. Ella también me visita. Incluso se convirtió en un joven que se arrojó sobre mí bajo la sombra de un árbol en el monte Aventino. La mirada de los otros me visita y me estrangula, de lo mucho que me avergüenza. En realidad no soy yo mismo. ¿Acaso es eso ser fantasma?
—En tal caso prefiero ser mosca —dijo la mosca. […]
Pascal Quignard: Terraza en Roma (Cap.XLIII)
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