Escribes una frase y resulta que es la última, pero no sucede nada a tu alrededor, ni dentro de ti. La noche de principio de verano en que terminé la novela estaba solo. No tenía teléfono. No podía llamar a nadie para decirle que había terminado. Saqué el último folio de la máquina y lo puse junto a los otros. Contuve el impulso de volver al principio, abrumado de antemano por todos los errores y descuidos que encontraría, todo el trabajo de corrección que tendría por delante. Yo no era ya el mismo que cuando escribía las primeras páginas, dos veranos antes. Entre el principio y el final, el aprendizaje de escribir una novela completa me había cambiado. Escribir es llegar al final de algo, concluir algo, lo que sea, un cuento, un poema, un artículo, una novela de 500 páginas.
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