Sociedad del arte

A poco de empezar la historia, Robinson Crusoe nada totalmente desnudo hasta los restos de su barco. En el mismísimo párrafo Defoe le hace llenarse los bolsillos de galletas.

Según la leyenda medieval, los alumnos de Juan Escoto Eriúgena lo apuñalaron con sus plumas.

Cuando tenía sesenta y largos, Herman Melville llevó a una nieta de cuatro años a un parque y se la olvidó allí.

A los veinte, Joseph Conrad trató de suicidarse por unas pérdidas de juego. De más grande le hacía creer a la gente que la herida de bala provenía de un duelo.

Una vecina encontro a William Blake y a su mujer Catherine leyendo en voz alta el “Paraíso perdido” en el jardín de la casa donde vivían. Sentados y desnudos.

Markon. La soledad del lectorDavid MarksonLa soledad del lector

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