Textos de “Informe del interior”, Paul Auster

La ficción puede envenenar efectivamente el intelecto.

A los seis años. En tu cuarto un sábado por la mañana, nada más vestirte y atarte los zapatos (qué chico tan grande, tan capaz), plenamente dispuesto para entrar en acción, a punto de bajar y empezar la jornada, y mientras estabas allí de pie, a la luz de la mañana de principios de primavera, te invadió una sensación de felicidad, un eufórico sentimiento de bienestar y alegría, y un instante después te dijiste a ti mismo: No hay nada mejor que tener seis años, esta edad es con mucho la mejor que se puede tener en la vida. Recuerdas haber pensando eso tan claramente como te acuerdas de lo que has hecho hace tres segundos, aún resplandece en tu interior cincuenta y nueve años después de aquella mañana, con una claridad sin merma, tan luminoso como cualquier otro de los miles, millones o decenas de millones de recuerdos que has logrado retener. […] Hasta aquella mañana, existías simplemente. Ahora eras consciente de tu existencia.

Paul Auster jovenVerano de1966. Querías aislarte lo más posible porque habías empezado a escribir una novela, y tenías el convencimiento juvenil (romántico o erróneo) de que las novelas debían escribirse en aislamiento. Se trataba de tu primera tentativa con la novela, el primero de varios intentos que te ocuparían hasta finales de la década de 1960 y a lo largo de la mayor parte de los años setenta, pero por supuesto no estabas en condiciones de escribir una novela a los veinte, los veintiuno o los veintidós años, eras demasiado joven e inexperto, tus ideas seguían evolucionando y por tanto cambiaban continuamente, de modo que fracasaste, erraste una y otra vez, y sin embargo cuando ahora vuelves a examinar esas decepciones, no las consideras una pérdida de tiempo, porque en los centenares de páginas que escribiste durante esos años, quizá unas mil (garabateadas a mano en cuadernos, con la letra casi ilegible de tu juventud), estaban los incipientes gérmenes de tres novelas que lograste concluir más adelante (Ciudad de cristal, El país de las últimas cosas, El Palacio de la Luna), y cuando empezaste de nuevo a escribir ficción a los treinta y pocos años, volviste a aquellos viejos cuadernos y los saqueaste en busca de temas, a veces copiando frases y párrafos enteros, que entonces reaparecieron —años después de escribirse— en aquellas novelas nuevamente configuradas.

2 de marzo de 1968. Paso la mayor parte del tiempo escribiendo o pensando en escribir. Personajes, situaciones , palabras, en eso me he convertido, me muevo en un mundo vago de colores, sonidos…cambiantes, desprovisto de palabras y sentido. Pero a la vez estoy convencido de que la vida es más importante que el arte.

He estado escribiendo, esto hace que me sienta humano.

 

Paul auster. Informe del interiorPaul Auster. Informe del interior

La realidad no existe si no hay imaginación para verla.

Paul Auster

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