La novela tiene que parecer ilimitada y desordenada y azarosa porque el mundo que intenta retratar lo es: pero también ha de ofrecer la sensación de un poderoso orden interno, igual que por debajo de los pormenores y las percepciones de lo real actúan unas cuantas leyes físicas, modelos que se repiten siempre en la infinidad de su variaciones posibles.
Descubre más desde Los cuadernos de Vieco
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
