La primera regla de un novelista (pensaba Maugham) es siempre procurar que sus personajes actúen «in character», de forma consecuente con su personalidad. Pero ¿no es justamente la observancia mecánica de este principio la que ha condenado a una tan gran parte de las novelas y de los relatos del propio Maugham a rebasar apenas el nivel de un inteligente teatro de marionetas?
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