De la historia global del azúcar a la sucia realidad de los vertederos y de las esperadas novelas de Rosa Montero, Virginia Feito o Juan Gabriel Vásquez a ficciones trasgresoras sobre la adolescencia y la primera juventud. Una selección de los títulos que llegarán a las librerías este mes
Dentro de mí está el infierno, hay un demonio que quiere destruirme. Mi diálogo interno es una violenta discusión a gritos. Estoy continuamente respondiendo al diablo, intentando explicarle que no soy tan mala como dice. Mientras mantengo mi disciplina de escritura puedo llevar una vida agradable, hacer cosas que me gustan. Mire, nunca he asesinado a nadie, pero muchas veces he sentido la pulsión de hacerlo. Y he comprobado que no se asesina a alguien que nos es indiferente, sino a alguien que nos inspira sentimientos, quizá el amor, con frecuencia el amor carnal.
Tú no buscas dominar. Demostrar, explicar, captar. Y entonces enjaular. Embolsar una parte de la riqueza del mundo. Sino transmitir: hacer amar haciendo conocer. A tu turno quieres afectar, quieres…
Creo que probablemente la parte más difícil sea en donde tienes que ir revisando la historia y te das cuenta de que es mala. La primera parte, la excitación, la segunda, muy bien, pero entonces te levantas un día y piensas “qué tontería” y es cuando realmente tienes que ponerte a trabajar en ella. Y para mí, siempre sentí que eso era lo correcto, era mi culpa que la historia fuera mala, no era culpa de la historia.
[Se cambia] trabajando mucho. Trato de buscar una mejor manera de explicarlo. Tienes a los personajes a los que no les has dado una oportunidad, y tienes que pensar en ellos o hacer algo diferente con ellos. En mis primeros tiempos, tenía a una prosa floreada, y gradualmente aprendí a quitarlo del camino. Así que tienes que pensar en ella, y encontrar más y más de qué trata la historia, lo que tu creías entender al principio, pero que en realidad, tenías mucho que aprender de ella.
Cuando era joven tiraba todas [las historias]. No tengo idea, pero no he hecho eso en años recientes. Generalmente sabía que era lo que tenía que hacer para darles vida. Pero puede haber todavía lo que yo creo que es un error y simplemente tienes que olvidarte de ello.
Todo me ha sido arrebatado: el amor y la fuerza. Mi cuerpo, precipitado dentro de una ciudad que detesto, no se alegra ni con el sol. Siento que mi sangre congelada está.
Burlada estoy por el ánimo de la Musa que me observa y nada dice, descansando su cabeza de oscuros rizos, exhausta, sobre mi pecho.
Sólo la Conciencia, más terrible cada día, enfurecida, exige cuantioso tributo. Y para responder, me cubro el rostro con las manos, porque he agotado mis lágrimas y mis excusas.
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)