Es una de las mejores cuentistas actuales, lo que la convierte en una de las escritoras más dotadas de la literatura contemporánea. Sus relatos, publicados en español por la editorial argentina Chai, son diamantes preciosos a la espera de ser descubiertos por el gran público lector. En su última visita a España, charló en exclusiva con el suplemento ‘ABRIL’
Un manifestante en una marcha anti-Brexit, en enero de 2020, en Bruselas. / EFE / M. LÓPEZ-S. LECOCQ
Crítica de ‘Primavera’, de Ali Smith: la esperanza desesperada
En la tercera parte de su cuarteto estacional, Ali Smith funde el discurso de lo íntimo y lo subjetivo con el discurso histórico en un tiempo de Brexit y crisis del mundo
Sin embargo, al menos por lo que Richard ha leído en la novela y en algunos sitios web, Rilke el hombre le parece un oportunista encantador porque siempre que una dama iba a visitarlo tarde o temprano se plantaba ceremoniosamente delante de ella y le leía un poema. , y luego, cuando se iba, con la misma ceremonia le regalaba, dedicado y copiado de su puño y letra, ese mismo poema que le había leído, de modo que la dama salía de la torre convencida de que Rilke lo había escrito expresamente para ella. En realidad había escrito los poemas unos años antes, y tras su muerte varias damas comprobaron decepcionadas que Rilke los reciclaba, a veces el mismo con varias mujeres.
Paddy mira al gemelo. Una generación de hijos que no tienen ni idea de que van a morir, dice. Mamá, dice el gemelo. Morir es saludable, Dick, dice Paddy. Es un don. Ahora veo a Trump, los veo a todos, los nuevos tiranos del mundo, los líderes de la manada, los racistas, los supremacistas blancos, el incesante parloteo de los nuevos cruzados demagogos, de los matones del mundo, y lo que pienso es: toda esa carne tan firme, demasiado firme. Se derretirá, como la nieve en mayo.
Baja la vista a las vías, a su pulcra simetría. Contempla el terreno que las rodea, las piedras y la hierba alrededor de la pulcritud. Yo también soy escombros, piensa. Solo que de otro tipo. Todo el mundo y todos sus habitantes. Escombros. ¿Entonces no deberíamos tratar mejor el mundo?, le dice su hija imaginaria. ¿Ya que es parte de nosotros? ¿Ya que literalmente estamos hechos de él? Cariño, eres imaginaria, dice Richard. Sí, lo sé, dice ella. No existe, dice él. Y sin embargo aquí estoy. Vete, dice Richard. ¿Cómo?, dice ella. Soy tú. Y entonces aparece el tren. Se acerca. Llega a la estación. Se detiene. Las puertas emiten un pitido.
Menos mal que ahora vivimos en un mundo mejor. Ponte al día, dice la niña Paddy. Suena como su hija imaginaria. Ahora mismo hay niños trabajando en minas, dice, en este minuto exacto, a las 13.04. Y tú lo sabes. Extraen cobalto para todos esos coches ecológicos eléctricos. Ahora mismo hay niños esclavos vestidos con prendas andrajosas de Hello Kitty en talleres clandestinos, dando martillazos a baterías viejas para extraer metales que los envenenan en cuanto los tocan. Hay niños comiendo basura en vertederos. Hay niños de todas las edades rentables como mercancía sexual, que se usan y se filman y se intercambian y se vuelven a filmar mientras el dinero cambia de mano por encima de sus cabezas, ahora mismo, a las 13.04. Miles de niños que no saben dónde están sus padres, si están vivos o muertos, si volverán a verlos, niños encerrados en gelidos almacenes de Estados Unidos. Ahora mismo. En esta época que tú has llamado un mundo mejor. Niños solos por todo el país que llegan hasta aquí cruzando el mundo y que luego desaparecen. Sin olvidar los cientos de millas de niños que han nacido y que viven aquí, que sobreviven a saber cómo, del aire, en una nueva versión de la antigua pobreza británica de siempre.
En el sentido de que pasamos de una invisibilidad a otra. Yo no tenía derechos. Sigo sin tenerlos. Crucé el mundo cargado con el peso del miedo hasta llegar a este país que llamais vuestro. Sigo cargando el peso del miedo. Ahora lo veo así: el miedo es una de mis pertenencias. El miedo siempre será parte de mis pertenencias, esté donde esté, durante el resto de mi vida. Fue una lucha durísima llegar a vuestro país. Y lo primero que hicisteis al verme fue entregarme una carta que decía: Bienvenida a un país donde no eres bienvenida. Ahora eres una persona etiquetada como no bienvenida con la que haremos lo que nos plazca. No importaban las cien batallas que había librado para llegar hasta aquí. Fue el momento más bajo de mi alma. Y entonces comenzó mi batalla de verdad. Pero fui afortunada. Me ayudaron. Hay diferentes formas de ser nadie. Hay diferentes clases de invisibilidad. Algunas son más igualitarias que otras. Hablo, como dicen aquí, de primera mano.
En su último libro publicado en España, continuación de ‘Piedra, papel, tijera’, el autor ruso teje un relato entrelazado con varias piezas para seguir retratando la sociedad actual de su país
La juventud es un período interesante en la vida de una persona. Si a las dificultades de la juventud les sumas la ambición de escribir, hay que tener un carácter fuerte para sobrellevar el estrés. Tener cualidades como la perseverancia, la rapidez, poseer un amplio bagaje literario, ser curioso y mirar con atención. Hay que saber tomar distancia de uno mismo, ser capaz de sentir el dolor ajeno, tener una mente crítica, sentido del humor y la irrompible convicción de que el mundo se merece: a) seguir existiendo, y b) más suerte de la que ha tenido hasta ahora.
El escritor Gonzalo Torné, autor de ‘Brujería’. / Manu Mitru
‘Brujería’, su última novela, es un cuerpo celeste más en la constelación de sus libros, de la que los personajes entran y salen, aunque sus historias no tengan continuación
Por el gusto de escribir algo: después de muchos día de silencio escritural me ha asaltado en el baño, mientras me lavaba las manos, antes de irme a acostar, el deseo de estar, a la luz de a lámpara, escribiendo. Deseo de escribir; no de decir algo. Pero deseo, también, de escribir en tanto que escritor: sin que ninguna razón, como no sea el deseo de estar a la luz de la lámpara, escribiendo, haya motivado mi acto. Mecerme en el equilibrio infrecuente y perecedero de la mano que va deslizándose de izquierda a derecha, oyendo los rasguidos de la pluma sobre la hoja del cuaderno, victorioso por haber comprendido por fin que el deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber, liberado de toda exigencia de estructura, de estilo o de calidad, y lleno del silencioso clamor de las palabras que no son de nadie, que nadie puede acumular ni guardar para sí –la voz del mundo y de cada uno que resuena a través de mí en la noche apacible–. Cada vez que este deseo me viene, trae consigo la validez del universo entero y la de esa partícula sin nombre del universo que soy yo mismo.
Han Kang, en el Hotel de Las Letras de Madrid, el 7 de septiembre.Claudio Álvarez
La escritora, tras el éxito de ‘La vegetariana’, regresa con ‘La clase de griego’, un grito de silencio en el que la voz y el lenguaje luchan contra el aislamiento
"Escribir no es sentarse a escribir; esa es la última etapa, tal vez prescindible. Lo imprescindible, no ya para escribir sino para estar realmente vivo, es el tiempo de ocio." (Mario Levrero)